canales institucionales establecidos por el régimen militar. Nuestro análisis se divide en tres partes. La primera se concentra en la relación entre servicio militar y vida cívica; la segunda examina los clubes electorales durante las elecciones presidenciales y su papel en la desmilitarización de la vida política, y la tercera analiza el impacto que tuvo el movimiento popular de 1855, el primero en su tipo, como prolegómeno del establecimiento del régimen civil. Servicio militar, servicio miliciano y ciudadanía El servicio militar y la participación en conflictos armados no ejercieron, como suponen otros estudiosos, una influencia positiva y beneficiosa sobre el desarrollo de la democracia y la ciudadanía en el Perú; si algo puede decirse, es que obstaculizaron una y otra97. Las milicias ciudadanas, en contraste, difundieron hábitos democráticos entre sus miembros, pero hubo tan pocas unidades operativas en el país que su influencia sobre la vida política fue sumamente limitada. El servicio militar afectó la vida de muchos ciudadanos, en especial de grupos de plebeyos urbanos e indígenas; se estima que el número total de hombres que sirvieron en el ejército regular fue de alrededor de tres mil en la década de 1830, en su nivel mínimo, y de doce mil en su momento máximo de expansión (Basadre, 1961-2, pp. 551-52)98. A juicio de un distinguido historiador como Basadre el servicio en las fuerzas armadas erosionó los límites étnicos y raciales entre los ciudadanos: «El ejército reclutó personas de diversos grupos raciales y socioeconómicos y de este modo mitigó las diferencias e desigualdades existentes entre ellas, y tuvo una influencia democrática sobre la vida pública» (Basadre, 1961-2, p. 552). Al mezclarse con los otros reclutas, los soldados descubrían poco a poco que eran parte de una «nación» mucho más grande, una comunidad imaginada que se extendía más allá de los estrechos confines de su caserío o su aldea. Como la mayoría de estos conscriptos provenían del fondo mismo de la escala social, la instrucción militar les brindó una oportunidad de aprender a leer y escribir y, en el caso de los quechuaparlantes, adquirir un conocimiento básico del español. Como parte del programa, también se enseñaban a los reclutas nociones elementales de patriotismo, ciudadanía y derechos democráticos, que expandían sus horizontes políticos más allá de las ideas heterodoxas arraigadas en la religiosidad popular, la lealtad familiar y el comunalismo aldeano (Gamarra, 1952a; 1952b). Una vez dados de baja del servicio militar, aquellos de estos reclutas biculturales 111
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