Los grupos plebeyos e indígenas de las zonas urbanas y rurales atacaban a los comerciantes foráneos, la mayoría de los cuales eran protestantes, aunque se los calificaba de «judíos». Un residente de larga data en Lima señalaba que en la ciudad había un difundido «fanatismo contra los extranjeros […], en especial en las clases inferiores y más específicamente entre los negros y los zambos, que pone en peligro la seguridad personal de los extranjeros […], sobre todo ingleses y franceses» (Tschudi, 1966, pp. 71 y 121). En las provincias la situación era peor. Las casas extranjeras enviaban a sus agentes a ciudades pequeñas a vender bienes importados, pero los agentes se veían obligados a huir. Un comerciante inglés, alarmado ante la difusión de la xenofobia en el interior, escribía: los indígenas estiman que, «si no eliminan nuestros barrios, otros ingleses, es decir judíos, se instalarán [aquí] después de nosotros» (Smith, 1839, p. 163). En 1842, en el pueblo de San Marcos (Huari), durante la celebración de Corpus Christi, uno de los días más sagrados en el calendario católico, unos indígenas pusieron en escena la matanza ritual de «un judío» que hacía poco se había mudado al lugar, y lo identificaron como un «Anticristo» y una amenaza espiritual para la supervivencia de la comunidad. El pánico se propagó entre los comerciantes extranjeros, que huyeron de la zona luego de enterarse del incidente. Hacia 1845 eran pocos los comerciantes extranjeros que hacían negocios en el campo (Witt, 1987, p. 155). A falta de sentimientos patrióticos, la religiosidad popular reafirmaba las identidades subnacionales y las formas locales de vida (Gootenberg, 1985, pp. 220-222). Hacia comienzos de la década de 1850, la mayoría de los grupos civiles y económicos del país estaban desintegrándose con rapidez y poco faltaba para que desaparecieran por completo del paisaje público. 77 Los datos de todos los cuadros y mapas de este capítulo provienen de Forment, «Databank on associative life in nineteenth-century Peru» (1977), documento de trabajo inédito. Los 58 grupos de beneficencia enumerados en Pasquel (1847) y en Sociedad de Beneficencia Pública (1828), eran de hecho inexistentes. 78 Había un total de cinco sociedades de socorros mutuos, cuatro grupos de desarrollo comunitario, cuatro asociaciones literarias y tres asociaciones profesionales. 79 Véase también El Progreso (1850e). 80 Los talleres de Lima y Arequipa empleaban al 11 y al 20%, respectivamente, de la población local. Por su parte, en los gremios de Cusco y Puno se concentraban entre el 3 y el 5% de todos los trabajadores calificados. 107
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