empresarios a adoptar el curso de acción más razonable: apoyar a una de las facciones, con la esperanza de pagar a los comandantes una sola vez, y no dos. Hay que reconocer que hubo algunos empresarios, por ejemplo los propietarios de fábricas textiles de Cusco, que pudieron negociar con los generales del ejército el suministro de uniformes y otros elementos básicos a cambio de que ni sus fábricas ni sus trabajadores sufrieran ataques o amenazas (Walker, 1992, pp. 185-187)95. Estas alianzas hicieron posible a los dueños de hilanderías andinas transformar Cusco, corazón de los quechuaparlantes, en uno de los «polos de crecimiento» más dinámicos del país, con aspiraciones de superar a la larga a Lima y Arequipa como principal centro manufacturero peruano y llegar a ser el eje de la vida nacional (Gootenberg, 1982). Las demandas y exigencias de la producción económica posibilitaron el esfuerzo bélico, pero también contribuyeron, paradójicamente, a domesticar incluso a los generales más levantiscos. Décadas de guerras civiles dejaron a la comunidad mercantil en la ruina financiera y sin mucho sentido de civismo entre sus miembros. Los comerciantes de Arequipa, escribió Flora Tristán durante su larga estadía en la casa de su tío, uno de los principales empresarios, habían sufrido tantas pérdidas que «cada cual, amenazado en su propia fortuna, no tenía ya simpatía que conceder a la situación de los demás» (Tristán, 1946, p. 237). Los muchos años de guerras civiles habían vaciado el reservorio de «simpatía» que existía antaño en la comunidad empresarial, y transformado a la vasta mayoría de sus integrantes en personas egoístas y egocéntricas, que mostraban poco interés por los asuntos públicos (Smith, 1801). Ferias regionales, ética empresarial y «matanza de judíos» Las ferias de mercado, junto con las redes crediticias y comerciales organizadas por el Tribunal del Consulado y antes examinadas, influyeron sobre las prácticas económicas en todo el interior, pero como los compradores y vendedores que concurrían a ellas adherían a nociones de reciprocidad social y no a conceptos no cívicos como los que difundía aquella asociación, los mercados regionales hicieron un gran aporte al fortalecimiento de las formas locales de vida. Las ferias semanales más importantes se realizaban en la región del altiplano central y atraían a muchos residentes del lugar. A mediados de la década de 1860, Antonio Raimondi, un científico natural, visitó la feria de Huancayo, en la provincia de Junín, y la describió de esta manera: 105
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