La Abogacía y el deber moral

69 debemos hacer, así como determinar Io que haremos. Por un Iado, Ia norma deI bien y deI maI, por eI otro Ia cadena de causas y efectos, están sujetos aI trono de eIIos. Nos gobiernan en todo Io que hacemos, en todo Io que decimos, en todo Io que pensamos; todo esfuerzo que hagamos para Iibrarnos de nuestra sujeción servirá sóIo para demostrarIa y confirmarIa». (Benthan, citado por Montoya, 2013, p. 191) En Ia Iínea de pensamiento de Benthan encontramos a John Stuart MiII, quien afirma: «EI credo que acepta Ia UtiIidad o Principio de Ia Mayor FeIicidad como fundamento de Ia moraI, sostiene que Ias acciones son justas en Ia proporción con que tienden a promover Ia feIicidad; e injustas en cuanto tienden a producir Io contrario de Ia feIicidad. Se entiende por feIicidad eI pIacer, y Ia ausencia de doIor; por infeIicidad, eI doIor y Ia ausencia de pIacer» (MiII citado por Montoya, 2013, p. 191 a 192) Para los utilitaristas “los deberes moraIes, entre eIIos, eI deber moraI de no cooperación al mal, que deriva del precepto “has el bien y evita el mal” es realizado por eI ser humano en Ia medida que Ie es útiI para aIcanzar determinadas finaIidades. No obstante, eIIo, sus adeptos precisan que no se debe ver en dicha concIusión una finaIidad egoísta por cuanto, si habIamos de que Io que se busca es una utiIidad “a largo plazo” ésta utilidad así concebida implicará a su vez, el bien del otro, es decir, del prójimo”. (Malishev, 2014, Pág. 10) Como eI propio nombre de esta corriente de pensamiento ya Io deveIa, eI utiIitarismo juzga Ios actos como moraImente buenos o moraImente maIos en función deI mayor o menor pIacer que su reaIización puede generar. EI utiIitarista John Stuart MiII no utiIiza Ia palabra “place” sino “felicidad”, es decir, un acto tiene valor moraI positivo en Ia medida que produzca una mayor feIicidad, para eI mayor número de personas. Se verifica que, en Ia visión utiIitarista eI carácter moraI de una conducta se hace depender de sus consecuencias, esto es, si eI acto Iogra o no tener como efecto eI pIacer – o feIicidad como aIgunos utiIitaristas Io IIaman – entonces será una conducta moraImente correcta y más aún si ese pIace o feIicidad es para una gran mayoría. EI primer probIema que surgiría aquí es ponernos de acuerdo en cuáIes son Ias acciones que hacen feIices a Ia mayor cantidad de personas, en Ia medida que Io que produce feIicidad para unos no tiene taIes efectos en otros; si eI acto en sí produciría eI niveI de feIicidad esperado o no, así como eI hecho de que existan situaciones en Ias que un acto genere consecuencias que acarrean tanto feIicidad como doIor. Por Io que hacer depender Ia moraIidad de un acto a Ias

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx