La abeja republicana edición facsimilar

49 No nos elevemos sobre la historia de nuestros dias. Los españoles despiertan de su letargo; creen afir– madas sus libertades con su carta constitucional; la sombra de Padi– lla vaga poi· todas partes; y la me.. anoria de Ronquillo es detestada. Sincmbarg·o, viene Fernando al-tro– no, sabe que su n acion se lo ha conservado; y tanta lealtad., y sa.– crifidos tantos , se remuneran con el vene·rando decreto de 4 de ma-– yo, con la esp~ntab)e persecucion de los padres de su patria., cou la execudon de los valientes, que lo habian arrancado de las garras de la aguila francesa. Y ¿con quien contó este déspota para tamaños atentados? Notorio es, que con los mismos españoles en quienes se ba– bia desyjrtuado enteramente el sc11- ·tido intimo de la libertad. Con la opiuion de ellos, y con sus bra– zos sumerge de nuevo el reyno en el a.batimiento: seis aitos transcur-– rea para que se reanimen Quiro- Juan de Padilla, representan– te de los comuneros de Sego– via, fue muerto en Villalar (1521). Y Rodrigo Ronquillo dirigió las eje<;uciones que si– guieron a la derrota de aque– llos esforzados defensores de sus fueros. Et decreto del 4 de mayo de 1814, suscrito por Femando VII al volver de su cautiverio en Bayona, disolvió las Cor– tes reunidas en Madrid y de– rog ó la Constitución de 1812. Luego restableció aquel monarca el Tribunal del Santo Oficio; persiguió a sus antiguos partidarios; y por su oposicion al absolutis– mo ordenó las ejecuciones de Juan Díaz Porlier (1815) y Luis de Lacy (1816), que prestaron eminentes servicios en la prolongada campaña contra la usurpación napo– leónica.

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