La abeja republicana edición facsimilar

48 q11e nos e~perezemos clel profundo sneño, que ha gravado nuestro~ miembros: que nos saturemos en fin de libertad. Y por cierto, que una testa coronada llenará perfec– tamente ~stos empeños; cuando por una fatal experiencia sabemos, que ser rey , é imaginarse dueños de vidas y haciendas, todo es uno: que los pueblos son considerados como por de estas divinidades, y que sn industria y su trahajo de• l)eu convertirse en su grandeza. Pe• 1·0, lo que es mas doloroso, los mismos vasallos llegan a persua– dirse de esto. por ]a practica de hin– ca•· la rodilla, por la espectaciou continua del soberano tren, y por los funestos halag~os de u11a corte imponente, y eorrompida. Pues aun hay mas: los snbditos Hegari á convertir cu propio derecho el vasallage, alarmandose contra sus herma nos , que, por una particular' fortuna se atreven á reclamar sus fuerza eu medio de la esclavitud.

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