La abeja republicana edición facsimilar

47 cio de nuestros derechos, no he– mos sabido mas que obedecer cie– gamente? Un trono en e) Perú se– ria acaso mas despotico que en Asia, y asentada ]a paz, se dis– putarian los mandatarios la palma de la tirania. No tiene duda. El orden mo-– ral sigue la misma economía 4 ue el fisico; y al modo que en un cuerpo elastico, largo tiempo com– primido, llega á entorpecerse su fuerza expansiva _, tanto q ne nece– sita nuevo y vigoroso estimulo, pa– ra restituirse con su energia pri-– mitiva, si se le vueke á oponer obstáculo : asi la libertad, o sea el conato a ella, sofocado por cen– tenares de afios, exige un agente poderoso que la excite vivamen– te, y tal como debe quedar para mantener la actividad de su resor– te. Conviene, pues, que por re• petidos exemplos nos convenzamos de que somos realmente libres: que iacudamos las afeccione¡ serviles:

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