La abeja republicana edición facsimilar
81 Jo¡ eaemigoa; originaron Jm; justas olamores elevados al Congreso para que ,e mudase el gobierno, lo que se vtrificó depOiitando las riendas de éf • en manos del venf;>mérito pa– triota D. Joae de la Riva Aguero_ No bien tuve esta aplausibfe nptida, cuando traté de volver al centra de la sociedad con solo el ob– jeto de con,agrarme en ct1anto le fuese uril, pues conocía muy bien., que ya no serian infructuosoa. loua• erifacios de los p~triotas, ni menos 1olverian á recibir por premio de ~us desv~los, ninguo género do persecus1ones. En una de mis hon~stas tertu. lias ., despun de haberse tocado so– br~ algunos asuntos políticos, se Je– yo el oficio que et General Sa11 Ma.-tin dirijio á la junta gubernatí– la desde Mendoza , ex •jiendo que el autor de la .Al1tja Republ1ean• justificase los 11certos que m ella f'B• pone, y que de no hal·erlct se le caiti• 1111e: a la verdad que me ,osprenda6 semejaate 1a.fü; itilud, pues el gene• Entre "los justos clamores elevados al Congreso para que se mudase el gobierno" con– fiado a la Junta, hallóse una representación de Mariano Tramarria, editor de LA ABEJA REPUBLICANA. Fue leída en sesión secreta, efec– tuada el 26-II-1823; y en la sesión pública del día siguien– te solicitó el diputado José Pezet que se la leyera nueva– mente, pero se opuso a ello Francisco Javier Mariátegui. El Congreso tomó conoci– miento de una representación coincidente, presentada por los jefes del ejército, y de acuerdo con ella eligióse Pre– sidente de la República a José de la Riva Agüero.
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