La abeja republicana edición facsimilar

Puede advertirse la simpatía que el autor discierne a Torre Tagle, por la mesura y la dis– creción de sus actos guberna– tivos, en el breve período du– rante el cual ejerció el mando por delegación de San Martín. Y, de manera particular, por haber reglamentado las elec– ciones de representantes a Congreso, y por haber aco– gido las demandas populares contra la continuación de Monteagudo en el Ministerio de Gobierno y Relaciones Ex– teriores. 95 rnientos de su corazon , á causa de la mala fé con que se le hacian con– cebir las providencias que firmaba; hasta que penetrado de las omino– sas ideas con que se procedia, sos– tuvo enérgicamente al pueblo, que irritado sobremanera clamaba por-– que se separase del ministerio á un hombre , que como mas insolente y descarado servia no solamente de testa, sino que coadyuvaba con sus satelites al fin proyectado. Separado, y aun desterrado ese misantropo , procedió á dar toda la legitimidad al cuerpo representati– vo de la nacion, que ya era indis– pensable se reuniese. Entre tanto el Protector ya regresaba de Gua– yaquil de su entrevista con el ge– neral Bolivar , y la primera noti5-ia que tm·o en el puerto del Call~o, fué la caida de su Ministro , el dis– gusto general del pueblo con el Go– bierno Protectora!, y el deseo ele ver reunidos por la vez primera al Con– greso So berano. Absorto y confun– dido , ya con la notable falta de su principal ajente, como por la heróica

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