La abeja republicana edición facsimilar

Desde su desembarco en el Perú, San Martín no libró nin– guna batalla. Su campaña ape– ló a los recursos sicológicos (expediciones a la sierra, mo– vilización de guerrillas, escara– muzas avanzadas, conferen– cias enderezadas a lograr una posible pacificación); y, aun– que así extendióse rápida– mente el entusiasmo que ya suscitaba el ideal libertador, lo cierto es que perdió las ventajas que hubiera podido franquearle una rápida ofensi– va contra las aturdidas defen– sas realistas. Dos años de inac– tividad afectaron seriamente al ejército, dispuesto a la ac– ción, y retrasaron la culmina– ción de la generosa empresa. 93 reses de la nacion. Nu<:stro exército aguerrido, pues, supo unponer terror al enemigo en el memorable 7 de setiembre de 821 y que se le impidió el haberse cu– bierto de nuevos laureles ó por co– bardía, ó por segundas miras, se mantuvo en esta capital el espacio de dos años perdiendo su moral, arruinando el país, y permitiendo á nuestros enemigos el aumento de sus fuerzas, dando lugar con esta cri– minal omision á que la patria su– friese la considerable pérdida de una fuerte division en lea. Entre tanto Monteagudo, que se informaba por medio de sus es– pias del disgusto general de los ha– bitantes de la heroyca y esforzada ciudad de los libres, procuró aquie– tar los ánimos , publicando que ya era llegado el tiempo de formar el Congres o Peruano, sin acordarse que todav.ia no estaba independiente to– do el te rritorio. Para este objeto se dictó un reglamento de elecciones de diputados, que envolvía en sí la mala fe con que se procedia, pues 2

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