La abeja republicana edición facsimilar
92 honor por la felicidad del suelo que los \·iú nacer. Asegurado ya con sus nuevos ministeriales, colocó un crecido nú• mero d.e es·pías tanto de hombres co mo de magere!i , que observaban la conduc.ta de los verdaderos Ame– ri canos en ó rden á las ideas rcpu• blicanas, y aquel que no apetecía el Gobi~rno munarg,l'ico, era confina– do al Estado de Chile como ene– ¡njgo d-e la libertad· '"' El tribunal de secuestros for– mado no tanto para consultar la se– guridad púhlica ~ cuanto para pro.. pender al deterioro del Estado, ha sido el profnn<lo pozo en donde se han scpultaElo ingentes sumas toma– das á los es·pafloles.. á pesar de tener estos mugeres é hijos Américanos, quP,tlando estos infelic~es sumergidos en la miseria , como si no fuesen m1P,mbro~ de nuestra familia, ma– nifestando con este proceder, que la guerra que se hacia no solamente era contra los enem10-03 de la liber– tad ~ si no t:;imbien <~ontra los inte- Juez privativo de secuestros fue nombrado el magistrado Francisco Valdivieso y Prada (16-X-1821). Pero es obvio que las órdenes para efectuar aquellos fueron directamente autorizadas por Monteagudo; y con rigor tan extremo que dejó en el desamparo a nume– rosas familias, pues hubo es– pañoles que en el país habían formado sus familias y acre– centado sus intereses, de mo– do que lo abandonaron sólo temporalmente. No obstante, sus bienes fueron secuestra– dos y sus familiares hubieron de implorar una providencia equitativa para subsistir, o apelar a la caridad de sus ami– gos.
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