La abeja republicana edición facsimilar

21 el articulista del Imparcial la facul– tad que tiene un comitente parti– cular, con respecto al que le re– presente en un negocio de hombre á hombre, y deducirá la que de– be tener un ciudadano. Si la costumbre de sufrir en el gobierno opresor que hemos tenido, y la falta de ilustracion han infl ui. do en algunos para que tiemblen con memoria del gobierno, el hom– bre de bien y de principios, respe– ta la ley sin temerla, mira en un gobierno justo, el apoyo de la pú– blica felicidad, y en el cuerpo le– gislativo el Semi-Dios de la nacion, sin hincar por esto la rodilla con bajeza; pero conoce tambien al mis– mo tiempo, la extension de las fa– cultades que se concede á los que mandan, y deberes á que están li– gados , por razon del contrato so– cial. Si aquellos se separan una li– nea de su objeto cardinal, el ciu– dadano ha reservado una parte de su fuerza fisica y moral para recia.. rnar el cnmplimiento del contrato, pues desprenderse de toda )a que Adviértase la comparación de las sociedades particulares y las sociedades políticas, alega– da para deducir el derecho del ciudadano a reclamar de sus representantes la atención al bien de sus comitentes. Es la más ingenua y mecánica apli– cación de la teoría del "con– trato". No advierte que las so– ciedades particulares tienen un número limitado de miem– bro~ l se forman con fines es– pecíficos, y que las socieda– des políticas se extienden a todos los ciudadanos y sirven fines generales. Son diversas y no es legítimo aplicarles las mismas reglas.

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