La abeja republicana edición facsimilar
Opina que el poder legislativo debe expresar "la voz del pue– ' blo" y salvaguardar "el bien particular" de cada ciudada– no. Que los representantes no deben sostener su voluntad, ni su opinión, sino la volun– tad y la opinión de sus comi– tentes. Y que éstos tienen el derecho de reclamar si no ocurriere así. Por lo tanto, re– fleja la influencia del cambio político operado: pues, al pa– sar del despotismo a la liber– tad, juzga que los Órganos del gobierno han de abandonar el ejercicio opresivo de la autori– dad para consultar en cada ca– so el servicio del pueblo. No atiende ni al modelo de la de– mocracia griega, ni a la teoría que en el siglo XVIII inspiró el sistema representativo. Es ingenuo y demagógico. 20 damente sin oir la voz del pueblo. Este debe advertir lo que le falta, lo que es preciso hacer para su fe. licidad y el mal que sufre. Su5 re– presentantes no han cambiado de n&turaleza en la eleccion que se há. hecho en ellos, ni se han conver– tido en ángeles. Es preciso instruir– les de lo que no ven, de lo que ignoran ; y puestos á la frente de ta nacion, para ejecutar la volun– tad del pueblo, no la suya, debrn saber cual es la voluntad del co– mitente , para elejir los medios de encaminar esa misma voluntad al bien de la nacion. Y o he sufragado en la eleccion de Diputados no para desprender– me en lo absoluto de todos mis de– rechos, que seria un acto de imbe– cilidad , sino para que refluya en mi bien particular, y el acto mis– mo de sufragar en la eleccion, me dá un derecho legitimo para reda– mar , si no se llaman sus objetos. No es arbitrario este derecho. Las sociedades particulares sirven de ejemplo á la, civiles: considere
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