La abeja republicana edición facsimilar

5 dor, porque apenas llegaría á mil y quinientos hombres, la mayor par– te de ellos reclutas hechos de los esclavos de nuestras haciendas, los que entraron á esta capital con el General libertador, y el resto del ejér– cito se hallaba muy distante para 5ocorrerla. ( 1) La fuerza do la opinion nos dió el triunfo: la opinion es necesaria p1ua la conservacion, como se pro– bó en la vuelta del ejército enemi– go en setiembre tlol mismo aíto; y y si faltase la opinion sucumbiria– mos irremediablemente. Antes de entrar en el examen á que me obligas , te digo franca.. mente, que tiemblo al contemplar el compromiso on que me pones; pero , pues tú me haces respomm,.. ble de los males de la patria si no te doy mi parecer, te compla- ( 1) La fuerza total del ejército li– hertaclor , esto u del que vino de Cht. le , apénas lle!faha á mil seiscientos lwm– hres , porque. los dema1 perecieron en /ot; hospitales de Huaura. Las cifras en las cuales se pre– tende reflejar el estado de las fuerzas patriotas, son total– mente inexactas; y si a ellas se agrega el aserto alusivo al re troceso del patriotismo en la capital, podría suponerse que envuelven una invitación al ataque realista sobre Lima. En verdad, la Expedición Libertadora contó con 4,365 hombres, y en Pisco fue en– grosada con más de 600 crio– llos y negros; en Huaura se agregaron nuevos refuerzos, como el famoso batallón Numancia, que defeccionó del campo realista; y aunque una epidemia de viruela hizo allí numerosas bajas, aquellas fuerzas no perdieron su impo– nente efectividad, ni dejaron de cautivar las simpatías de la opinión. Tanto es así, que in– movilizaron a las unidades del Virrey, calculadas entre 15,773 y 23,000 hombres, al iniciarse el año 1821; y aun sin combatir, condicionaron numerosas deserciones de sus filas y deterioraron su moral.

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