La abeja republicana edición facsimilar
307 la sangre , aplica un cataplasma á cada parte del cuerpo afectado, y no logrando su curacion al fin muere. Si , pues , estamos en un es– do verdaderamente colonial; si no tenemos agricultura á pesar de la feracidad del terreno , si carecemos de telares, talleres, fábricas, y no hay industria. ¿Cómo decimos que los hombres no se ocupan? Los es– pañoles á mas de mantenernos en el embrutecimiento, nos negaban hasta el aprendizage de las artes super– fluas. Esta degradacion fué el origen de la emancipacion política. No se oía otra cosa en lá boca de los pro– sélitos de la revolucion : arrojemos á estos vandidos al otro lado de las mares: básta ya de ignominiosa ee– clavitud: démonos una Patria: for– memos una nacion. Y la formacion de esta nacion ¡ cómo empezar! De– cídalo el Soberano Congreso á cuyas luces se ha encomencado la suerte <le las generaciones presente y fu– tura. Si despues de erigida nuestra nueva nacion , si despues de forma• He aquí la expresión de las as– piraciones económicas a las cuales se debió, en buena par– te, la génesis del movimiento emancipador: para establecer, racionalmente, las explota– ciones agrícolas e industriales que el país requería; y para dar a los hombres la prepara– ción profesional y las ocupa– ciones acordes con su digni– dad. Tal era la esencia de la libertad y la fuerza aglutinan– te de la nación.
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