La abeja republicana edición facsimilar
308 dos los hospicios per~sten a~m en ser vaga– mundos, entonces , enlonces s1 podremos apli– car los casos de la Europa ú nue:!tra nacion; pero ¡ formar un paralelo de una nacion cons– tituida con una colonia , es un delirio ! Consultemos la poblacion; pues estamos en el caso de sufrir la tolerancia. Los mismos es– panoles, ya que á pretesto del celo por una re– ligion que no entendían, prohibieron el trárico de las naciones é introdujeron por la despobla– cion de América el pernicioso tráfico de negros. Si los despachamos á presidio tenemos que transmitir toda la poblacion, y ocupar 8,000 hombres en su custodia, y nosotros tendremos que buscar su compañia porque allí se halla la verdadera poblacion. A mas de eso ¿ qué mal han cometi<lo unos hombres que contra sus esfuerzos se hallan constituidos en la pobreza por la política arti– ficiosa de los españoles? Confieso á V. con toda verdad que me en– cuentro en igual caso. En el calor que tomé en la revolucion , me quedé sin recursos por el bien comun. No reparé en que malgastaba lo que le babia quedado á una madre ancia~a en su v,udedad , y primeTo preferí la n_iend1- cidad mia y de toda mi familia que sufrir que por mas tiempo fuese el Perú u~a colon_i~ es: pañola. En seguida no he querido aclmilir m en Huaura , ni en Lima empleo alguno dado por el ex-ministro :Monteagudo , porque siem– J>re me ha acompañado un noble orgullo Sé, que algunos me criticarán : pero yo te_ngo una virtud ., y nunca, nunca hincaré la rodilla a~te )os tiranos-,~Lima 1822. Imprenta de Mas1as.
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