La abeja republicana edición facsimilar
20l almas virtuosas, q ne por una vigo– rosa reacciou derrocaron el Coloso que empezaba á erigirse a toda pri– sa. Por consiguiente, no solo no se ha colol'ado Lima sobre un volean inco2,·nito á ella, sino que serenó la tem¡iestacl que amenazaba, quitan– do a Mont.eagudo del ministerio. La raza de que se habla, léjos de ser feroz, es mansa y henigna = ¡Maravilloso clima, cuyo influjo enerva la ferocidad misma! Solo pa• ra Monteagmlo fue ineficaz: ¡fero– cidad exeesiva! Prosig·amos. Era la ma~empeñada en su muerte, y fue la ma~ dócil, así que se la persuadió que hacía honor al Perú perdonar– le la vida. Se apartó <le las inme– diaciones á su casa f'll que estaba arrestado: no quiso ver ya mas á un hombre que encendia su furor é ira. ¡A que, pue!5, pronosticar tan– tas desdichas! S1, ya tenemos ex– periencia de ~sta gente: ¿, no servi– ra la practica en la polí tiea? si nó ~ 'iuiere estender la idea ;para que msmuarla ; a que fin proferirla? Cabe inferir que se habló de la muerte de Monteagudo al labrar su destitución. Pero la "mansa y benigna" índole de los limeños se impuso, y sólo se ordenó su prisión, en su propio domicilio, y custo– diado por una fracción del batallón Numancia a fin de evitar algún atentado. Al día siguiente volvió a reunirse el Ayuntamiento, y para preve– n ir cualquier reacción que pudiese operarse en su favor dispuso que se le desterrara.
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