La abeja republicana edición facsimilar
Al ser depuesto Bernardo Monteagudo, confióse el Mi– nisterio de Gobierno y Rela– ciones Exteriores a Francisco Valdivieso. Limeño, regente de los estudios de Filosofía y Teología en el Convictorio de San Carlos, catedrático de Artes en la Universidad Ma– yor de San Marcos, y aboga– do (1797). Elegido diputado a Cortes, viajó a España; y allí fue nombrado oidor de la Real Audiencia de Santia– go de Chile (1815). A sus deberes ministeriales agregó el despacho de Hacienda (desde 21-IX-1822 hasta 17-VIII-1823). En 1825 fue nombrado vocal de la Corte Suprema. 198 virtuosas en Lima, q ne desempeñen los empleos., lamentar la perdida de l\1onteagu<lo en Chile, es seg·ura- 1nente, necedad , tamaña bober1a. Acaso, acaso no es este hombre, si– no el ejemplo el que motiva los la– mentos. La secretaría está mejor servida. La alma del actual secreta• rio., sí es vivamente filantrópica, ma• ravillosameBte criadora, extraordi– nariamente vigorosa, evidentemen• te rara y grandiosa : su pluma es sublime, varonil., victoriosa. correc– ta., delicada., espresiva: sus conoci• mientos son sobrado notorios á sus paisanos. Es filosofo, matematico, teologo, jurista, cauonista, político., humanista., y, lo que importa dema– siado en su empleo, y al Estado, po• siti vamente hombre de bieu. .El pue– blo soberano está gustosísimo, y es· to basta: su voluntad única expre• sada por sus representantes da la ley, y se ha de obedecer irrevocable– mente. Fot·tunado Chile, sí su con– venswu sig·ue !a march~ rnagestuo•
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