La abeja republicana edición facsimilar
197 digiosamente fecunda á corregir y enmendar sus remarcables cr1me- 11es en un encierro. Lima tiene hom– bres de mas valía é importanciac no ha menester á Monteagudo para na– da: ya lo ha resuelto. El nombre de la capital ha tiempo que es célebre por las producciones del o-énio y los talentos Escribía, es verdad, raz– gos en las gacetas; pero sin correc– cion, pues hablando castellano, usa– ba los idiotismos de idiomas extran– geros. Una vez habló en público, y perdió el concepto que la novele– ría le babia adquirido. El objeto era grandioso, no embargante esto, pa– rieron los montes; fue desigual el juicio al suceso. ¡Cuan grande di– ferencia, hay entre Monteagudo y tautos extraordinarios y celebres li– meños! dígase tal pensamiento su– Y? es original, probaremos el pla– gio, conocemos sus hurtos literarios estall)os muy distantes de haberl; considerado nunca hombre de génio. No ta.ltando persona& sabias y Aunque la pintura del ex mi– nistro Bernardo Monteagudo es tan sombría y negativa que no se reconoce la menor utilidad a su intervención en el país, lo cierto es que la in– sistencia en la diatriba de– muestra su imponente perso– nalidad. Quizá se desahoga– ban así los resentimientos que labró, al tratar a ciertos personajes con apóstrofes in– juriosos, para castigar su pre– sunta adhesión al antiguo ré– gimen u hostigar su apatía. • \luchas veces ocurre que el poderoso atrae sobre sí el odio, porque alardea exte– riormente de su preeminen– cia; y en este caso puede creerse que Monteagudo si– guió parcialmente a Maquia– velo, en tanto que fió su po– der al temor y no se preocu– pó de la estimación general.
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