La abeja republicana edición facsimilar
196 destructora que la misma guerra. Mas: era muy pequeño y miserable l\font.eag·udo para que su caida cos– tase una revolucion. La deposicion de e~e hombre, nunca debió com– prarse a precio tan subido. Eh! jamas jama~ se derramaría ni una gota d~ sangre, por un cobarde, que iba á morirse de puro miedo. Su persona era víctima pequeña é insuficiente para que con ella expiase los ul– trajes que hizo a los limeños. Por esto lo despreciaron y lanzaron pa• ra siempre de su seno. Tal fue el voto pú blioo cuando decendió de la altura a la que nunca podía aco– modarse su bajeza. Sin embargo, algunos habran imitado al Posti– llon llorando su calda y proscrip• cion; ¡pero faltan acaso para men• gua de Ja humanidad, pícaros y bri– bones en la tierra! Va ya en hora buena ese sabio, ese estadista de talentos singulares, esa pluma brillante y divina, esa al– ma eminentemente enérgica, pro-
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