Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

contra su misma patria, contra el gobierno legítimo del presidente provisorio de la República peruana, nombrado por la Convención Nacional, contra la legal administración del protectorado, proclamada por los pueblos representados por sus congresos. ¿Y Gamarra tiene derecho para conspirar contra dos gobiernos legales, y nosotros la servil obligación de respetar el intruso poder que subyuga al Perú?, ¿en Gamarra es virtud conspirar, y en nosotros crimen? (La Riva, 1839b). La idea esencial de la defensa de Santa Cruz radicaba en sacarse el calificativo de conspirador y atribuírselo al general Gamarra: Tengan entendido que nosotros, soldados de las leyes, sostenedores del orden, no seremos jamás conspiradores. Deseamos que el Perú sea libre: respiramos sagrada venganza contra los opresores; tenemos un indisputable derecho para lanzar del usurpado puesto a los que nos lanzaron junto con las leyes, no capitularemos nunca, restableceremos el reinado de la ley si podemos; pero el nombre de conspirador lo dejamos al general Gamarra (La Riva, 1839b). Finalmente, Miranda concluye con la siguiente exposición: Estamos en época, señores, en que vibrar injurias y calumnias contra el hombre que dejó de mandar, parece una virtud a los ojos de los perversos. Apoyados y autorizados por el escandaloso seductor, y autor de la inmoralidad que nos rodea, ¡entre nosotros mismos!, lo digo con dolor, ¡entre los emigrados!, entre los que víctimas de una misma suerte, deberíamos estrechar más y más los lazos de amistad, de intereses y de consecuencia, arde el fuego de la injuria, nos alumbra la hoguera de la calumnia. Hemos visto seres abyectos y degradados, que no saben escribir su nombre, que son incapaces de concebir una idea clara, y menos de expresarla, insultar en papeles públicos al hombre que adularon hacia el extremo de la bajeza cuando lo veían en el puesto resplandeciente del poder (La Riva, 1839b). La invocación al jurado está cargada de dramatismo: Señores: yo reclamo vuestra circunspecta atención, en una causa que interesa a la sociedad entera. ¡Respetable jurado! La injuria, la calumnia que hoy se vibra contra un asilado en vuestro sueldo, caerá mañana sobre vosotros mismos. No habrá honra segura, no habrá honor a cubierto de los tiros de la gratuita maledicencia si la barrera del castigo no impide los asaltos de la malignidad. Esta es la causa del pueblo: el interés del hombre de bien, del honrado ciudadano. Sufra la víctima que la ley nos presenta, y padezcan moralmente los insignes criminales a quienes no alcanza hoy el fallo de la justicia. Hasta aquí habla la ley y la razón: pero en vista de la retracción del reo, yo imploro la preciosa correctriz de la severidad legal: la equidad. Levanto la acusación: ya no acuso (La Riva, 1839b). 97

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