libelo famoso es por expresión de la ley misma». Y sobre la gravedad del ilícito, especula: Si la mayor o menor gravedad del abuso es la que declara el lugar en esta escala, según el art. 5°. Ábrase el Código Penal de la República, véase en los tratados de injurias y de calumnias lo que pesan en la balanza judiciaria, las que son escritas: regístrese en el mismo código, lo que importa la usurpación o retención de bienes, el ánimo o connato hostil contra alguna persona o personas, el crimen de conspiración, y no nos quedará duda de que el libelo que nos ocupa merece el primer lugar en el orden de las clasificaciones…, pues se ataca directa y absolutamente la vida privada del calumniado; ya porque la retención de bienes, la sed de odios y venganzas, y los proyectos de conspiración no pueden concebirse en la esfera de la vida pública, ya porque no siendo mi poderdante, en el Ecuador, sino un hombre particular, no puede ser ofendido en el carácter público que no tiene, sino solo en la vida privada, a la que deben referirse todos sus actos y cuantos ataques se le dirijan en la actualidad (La Riva, 1839b). Culminanda su defensa, el abogado Miranda hace más aclaraciones ante las imputaciones que se dieron a conocer en el escrito denunciado. Así, sobre las imputaciones relacionadas a Pastor La Riva, señaló: No quiero alargar mi discurso añadiendo a lo dicho lo que pudiera decir, sobre que Pastor La Riva no tiene bienes algunos y que de consiguiente nadie puede retener lo que no existe. Si La Riva tiene algún derecho es ciertamente a la porción que le haya cabido en la hacienda de Sipe Sipe… Esta finca salió de los bienes del general y de su familia, y se halla administrada por don Bernardo La Riva (La Riva, 1839b). Todos los cuestionamientos irían dirigidos ahora contra el representante diplomático peruano, quien habría armado todo el tinglado: Estos proyectos parricidas, esas conspiraciones, esa prevención criminal son sueños, son delirios, y en una palabra: son sombras creadas por el hombre que ha encontrado una veta segura en la inagotable mina de sus calumnias, para adquirirse importancia y dinero a expensas de un país subyugado, no lejos del Ecuador. Con este objeto ha promovido la desmoralización más horrorosa y apurado la seducción más infame, y con el mismo degrada, abate, mancilla y ridiculiza la investidura pública con que lo reconoce el país (La Riva, 1839b). Miranda pasa luego al ataque contra el propio presidente de la República peruana, el mariscal Gamarra, enemigo de Santa Cruz: Y supongamos, por un momento, que fuesen ciertos esos proyectos de conspiración contra el Gobierno actual del Perú: el mundo ha visto al general Gamarra conspirando, desde Guayaquil, desde Centro América y desde Chile, 96
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