Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

espíritu de dominación. Me complaciera verle como un ilustre proscrito, más bien que como un Coriolano, encarnizado contra su patria y la mía» (La Riva, 1839a). Anuncia finalmente, con mención a Coriolano (el general romano que, expatriado y resentido, en un acto de traición, se unió con sus enemigos, los vascos, a quienes había derrotado): «Yo declaro, no solo pertenecerle, sino que jamás participaré de sus ominosas miras, ni serviré de pedestal a su frenética ambición. Me separo de su compañía, no por haber traicionado a sus confianzas, como se supone, sino para no ser cómplice en sus maquinaciones». Al día siguiente, asomó en la prensa guayaquileña una respuesta al detractor del militar altoperuano con el mismo emblema que el documento replicado, «Al público». Lo suscribía Juan José Pérez y llevaba fecha del 24 de agosto de 1839. Se trataba de un violento escrito contra Pastor La Riva (Juan José Pérez dio por sentado que el autor del escrito era La Riva), atacándolo en una de las fibras más íntimas: «El impostor, Pastor La Riva ha sido un expósito a las puertas de la familia del general Santa Cruz». Pérez emplea calificativos verdaderamente groseros contra La Riva, como «miserable farsante», «soldado cobarde», «oficial sin honor». Queda claro que no quiere que al general alto peruano se la atribuya, refugiado como está en Ecuador, la condición de conspirador, había mucho de maquiavélico en trama. El propósito escondido: lograr la expulsión de Santa Cruz de territorio ecuatoriano. El general Santa Cruz quería dejar en claro que no permitiría que lo acusen de conspirador. Así, su apoderado, el abogado Francisco Mariano de Miranda, presentó la denuncia contra Pastor La Riva, a quien se atribuyó la publicación. Convocado el jury, declaró haber lugar a formación de causa y, después de las diligencias legales, el caso daría un curso sorprendente. El escrito rotulado «Al público» en realidad nunca fue firmado por Pastor La Riva, quien ignoraba que se había tomado su nombre. Pérez lo había atacado innecesariamente con ferocidad fanática. Como resultado de las diligencias —presentación de la garantía del escrito — fue apresado Juan Jiménez, el verdadero autor del escrito. En este estado, la noche del 28 de agosto de 1839, finalmente se reunió el jurado que debía calificar dicho escrito (La Riva, 1839b). Instalado el jurado, se dio lectura a un recurso presentado por Juan Jiménez, el firmante del libelo contra Andrés de Santa Cruz, quien formulaba una pasmosa confesión desde la cárcel pública donde se hallaba detenido: un impresor de apellido Puga le había ofrecido una onza de oro para que 93

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