Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

El abogado peruano de O’Higgins continúa el relato que, naturalmente, es también la versión que ofrece su patrocinado sobre la ejecución del guerrillero chileno y que conviene reproducir: Sale de Santiago el batallón: el preso y su escolta marchan a un flanco: oyese un tiro en esta, y el coronel se encamina al sitio donde salió. Encuéntrase con el cadáver de Rodríguez, manda allí mismo levantar un sumario, y da por resultado, que la escolta del preso había disparado, que la causa era haber visto a cierta distancia uno o dos hombres en buenos caballos, aproximándose con cautela al punto en que Rodríguez se hallaba… La sumaria fue elevada al general, y este le pasó al auditor de guerra del ejercito de los Andes para que en él se formase causa al teniente Navarro, comandante de la escolta de Rodríguez. Así se ejecutó entre tanto los cazadores de Alvarado pasaron a las provincias del Rio de la Plata donde se disolvieron y la causa no tuvo resultado (Rodríguez, 1833, p. 85). La versión que esgrimió Bernardo O’Higgins sobre la muerte de Manuel Rodríguez descansaba en la aplicación de la ley de fuga. El comandante de la escolta del detenido Manuel Rodríguez era el teniente Antonio Navarro, a quien tampoco lo sindica como el autor material del asesinato. Según informa el letrado Ascencio, Antonio Navarro regresó a Chile desde Mendoza para someterse a un proceso judicial. Es arrestado una vez que se ha abierto la causa en su contra. Se toman las declaraciones y el fiscal opina «que no resultando nada contra Navarro, sea restituido al tribunal de su fuero». El caso resultó así sobreseído o archivado (Rodríguez, 1833, p. 86). El oficio del fiscal y el informe de O’Higgins son como sigue: Absolviendo el informe que a consecuencia de las citas hechas en las declaraciones tomadas al oficial Navarro sobre la muerte de D. Manuel Rodríguez, se pide por el Ministerio Fiscal, digo que la primera noticia que tuve de aquel suceso fue comunicada por el batallón de cazadores N. I. de los Andes, D. Rudecindo Alvarado a cuya custodia había encargado la seguridad del citado Rodríguez y conducción a la Villa de Quillota. Es justo entrar en los motivos que según recuerdo me obligaron a esta medida. No me detendré en otros menos principales, cuando tengo muy presente su resistencia criminal para entregar las armas del cuerpo de que se le hizo comandante con el objeto de reforzar la fuerza que debía obrar en Maypu. Aquel cuerpo que no llenó sus fines porque no se presentó en acción como tampoco su comandante, fue tomado a expensas del ejército, porque con intrigas, seducciones y promesas se hacían desertar por Rodríguez los soldados de los demás cuerpos, causando en lo moral y físico de nuestras fuerzas un perjuicio de graves temores (Rodríguez, 1833, p. 87). 88

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