Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

En Inglaterra, en la época de Carlos I, mediante un decreto del 11 de julio de 1637, se prohibiría la impresión en el reino y en sus dominios de cualquier libro o folleto sedicioso, cismático u ofensivo (England & Wales, 1637). La infracción de dicha norma conllevaba «multa, encarcelamiento o castigo corporal» (England & Wales, 1637). Los denunciados serían llevados ante el Arzobispo de Canterbury o el Obispo de Londres para que ser sancionados por la temida Star Chamber (Curia Regis o Corte del Rey, integrada tanto por miembros del Consejo Real como por jueces profesionales, cuyos procedimientos eran inquisitivos y no se regían por el Common Law) (Baker, 1994, pp. 136-137)7. Cuando se aprobó el Habeas Corpus Act, estupendo logro democrático favorable a la libertad, hacia el año 1640, la Star Chamber desaparecería después de dos siglos de polémica existencia (cfr. Tortarolo, 2016, p. 21)8. Durante el fragor de la guerra civil entre el Parlamento Largo y Carlos I, la prerrogativa real y eclesiástica de censurar libros y folletos a través de la ordenanza de imprenta de 1643 pasó a manos del Parlamento, como una herramienta de control político y de combate religioso (Tortarolo, 2016, p. 16). La censura previa se aplicaba ya porque fuesen sediciosos, traicioneros o porque carecían de licencia de publicación (Firth & Rait, 1911). En este contexto, el poeta John Milton, quien tras la ejecución del rey se convertiría en ministro de Oliver Cromwell (defensor de la libertad de conciencia, aunque paradójicamente persiguiera a los católicos), acababa de publicar un texto urticante: The doctrine & discipline of divorce (1644). El libro de Milton, que carecía de la licencia correspondiente, fue denunciado, conforme a los términos de la ordenanza, ante la Cámara de los Comunes (Green & Karolides, 2005, p. 18). Milton, en respuesta, redactaría un manifiesto titulado Areopagítica, el cual marcó un antes y un después en materia de libertad de expresión (Milton, 1932[1644], p. 90). Estimaba el poeta que la libertad era «nutricia de todos los grandes ingenios» y resultaba preciso liberarla de las restricciones que la atenazaban» (1932[1644], p.89). Defendía con ardor «la libertad de saber, de hablar y de argüir libremente según mi conciencia, por encima de todas las libertades» (1932[1644], p. 90). Desde el título, derivado del Areopagus, gloria de las instituciones democráticas atenienses, Milton revelaba su espíritu contrario a la censura previa (Green & Karolides, 2005, p. 18). El manifiesto miltoniano es una obra seminal en cuestiones de libertad de imprenta. Su efecto, sin embargo, se advertirá solo medio siglo más tarde9. En efecto, en 1695, Inglaterra se convertiría 27

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