el Concilio de Letrán, orientado a fortalecer la posición del papado contra la postura conciliarista, el papa León X estipuló, en la bula Inter solicitudines de 1515, que los libros se publicaran obligatoriamente previa inspección de la censura eclesiástica. Prohibía las obras traducidas del griego, hebreo, árabe y del caldeo al latín como lenguas profanas, si albergaban errores de fe, dogma, fueran perniciosos, así como libelos difamatorios contra personas de alto rango (Bulla super impressione librorum lecta in X. sessione S. Conc. Later, 1515). Se extendió entonces el uso de la locución latina Nihil obstat quominus imprimatur (luego abreviada a Nihil obstat), que significaba que el impreso no tenía impedimento u obstáculo para su publicación. La frase podía reemplazarse por un simple Imprimatur. La Iglesia católica consignaba la expresión (Frajese, 2014, pp. 14-19). No solo sería la Iglesia: la propia Universidad de París concedió a sus doctores la competencia de la censura durante 200 años (Minois, 1995). Pío IV, en 1564, a petición del Concilio de Trento, crearía el Index Librorum Prohibitorum (catálogo de obras tildadas de perniciosas para la fe). En el famoso índice, se incluirían Maquiavelo, Lutero, Erasmo, el humanista suizo Conrad von Gesner, el astrónomo Copérnico por su teoría heliocéntrica; el sabio Galileo, censurado por católicos y protestantes; y Giordano Bruno, quemado vivo hacia 1600, acusado de neoplatonismo (Index librorvm prohitorvm […], 1564, pp. 61, 68, 40 y 29; cfr. también Black, 2013, pp. 339-355; y Benavent, 2004, pp. 106-107). El Index contenía un procedimiento para la prohibición. Los libros considerados heréticos en materia religiosa se prohibían del todo; los que no trataban de ella, se examinaban y aprobaban por teólogos píos y doctos. La Iglesia diseminó, en realidad, un genuino furor theologicus (Zweig, 2008, p. 16). No era solo la censura un asunto que se definía dentro de la jerarquía eclesial, sino que era acogido por amplias capas de la población. Las «masas de prohibición», como las llama Elías Canetti, imponen y renuevan la censura (Canetti, 2016, pp. 122-125). A su turno, la monumental Encyclopédie francesa de Diderot y D’Alembert fue censurada por el papa Clemente XIII y fue incluida en su Index librorum prohibitorum (Burke, 2002; Aldridge, 2015, p. 266). La última edición del Index se imprimió en 1948, pero sería solo el Pablo VI quien lo suprimiría el 8 de febrero de 1965 (Ros, 2005, p. 82). 2. LA CENSURA EN INDIAS 24
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