sus adversarios que, por culpa de «una ley maldita, derogatoria de un artículo constitucional, nos ha malogrado el pastel ¡Como hemos renegado de los autores de este salvo conducto! Irremediablemente estamos perdidos. No podemos elevar nuestra queja al superior jerárquico» (La Evolución, 7 de diciembre de 1918). Los quejosos se refieren a la ley 2193, del 11 de noviembre de 1915, que suprimió la parte final artículo 4 de la Constitución de 1860: «[…] y no permite el ejercicio publico de otra alguna». El artículo fue concebido en los siguientes términos: «La Nación profesa la Religión Católica, Apostólica y Romana y el Estado la protege» (CRP-ADL, 1904-2017). Los santos de la iglesia quedarían «humedecidos por el llanto de los cielos» (La Evolución, 7 de diciembre de 1918). La Evolución, como en la letra de una huayno, le desea al sacerdote: «Ni allá llegue. Ni aquí vuelva, ni en el camino se detenga» (La Evolución, 7 de diciembre de 1918). 11. LA PUGNA ENTRE UN INDIGENISTA Y UN GAMONAL En la tercera década del siglo XX, Ezequiel Urviola y Rivero se convertiría en uno de los más afamados y temidos indigenistas del Perú. En realidad, más que un indígena en el sentido convencional del término, se trataba de un misti; es decir, un mestizo que pertenecía a la clase media provinciana. En una ocasión, mientras interpretaba en Puno el papel de un pongo (sirviente) en la obra del futuro geógrafo Emilio Romero, «La noche de San Juan», decidió no quitarse la ropa que había usado para interpretar a su personaje y transformarse decididamente en un indio, al punto que, unos años más tarde, José Carlos Mariátegui, al tratarlo en Lima, estaba convencido de haber conocido uno de verdad (Tamayo Herrera, 1982, p. 312)62. Una vez que se deshizo de su vestimenta occidental y se transformó en líder campesino, inició una intensa actividad política y organizativa desde el Comité Pro Derecho Indígena Tahuantinsuyo (Ramos Zambrano, 2016, p. 101). Participaría también como apoderado general y defensor del aborigen, así como fundador del Consejo de Defensa e Instrucción Indígena. Bajo el título «En defensa de la raza indígena», aparece en el número 10737 del diario La Prensa (del 18 de octubre de 1921) una carta suscrita por Ezequiel Urviola, donde describe los incontables abusos que padecen los indígenas del altiplano a manos de los hacendados. La misiva pública del líder indigenista, «apoderado general y defensor del aborigen», Urviola 218
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