Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

y Rivero, dirigida al presidente de la Cámara de Diputados, César Canevaro, invoca «los fueros de la civilización cristiana» para defender a los indígenas de despojos, trabajos forzados y hasta masacres que los hacendados puneños cometían impunemente. Pide también que se dicten garantías para su vida. Reclama una recta aplicación de la justicia y el establecimiento de una comisión especial nombrada por el Congreso (La Prensa, 18 de octubre de 1921). Urviola deplora, en la carta fechada el 3 de octubre de 1921, el retiro de una comisión investigadora que se constituyó para indagar sobre los crímenes cometidos contra los indígenas. Describe minuciosamente todos los abusos cometidos por los hacendados en las diferentes provincias de Puno en un cuadro verdaderamente aterrador que escarapela el cuerpo y subleva el espíritu. En uno de los pasajes de la carta publicada en el diario limeño La Prensa, que (raro en ese tiempo) hizo causa común de las denuncias, Ezequiel Urviola menciona la dramática situación de la campesina Gervasia Quispe, viuda de Coaquira, cuyo esposo Juan Coaquira y otros miembros de su familia habrían sido asesinados por Patricio Mamani, avezado sicario, y sus cadáveres lanzados al lago de Arapa. La orden habría emanado de José Angelino Lizares Quiñones, temible gamonal y pintoresco polémico: En la provincia de Azángaro —se queja Urviola— los empleados de Lizares Quiñones, el subprefecto Celso Chavarri y el gobernador del distrito de Chupe, le piden plata a esta infeliz, no le quieren dar garantías y le han quitado sus documentos. Y a pesar de que en audiencias le dio el mismo señor presidente de la república recomendaciones y oficios especiales para que se le atendiera en justicia y La Prensa de este capital hiciera un brillante editorial con todo esto, haciendo una burla sangrienta hasta de esta misma autoridad suprema y de las leyes de un país legalmente constituido, trata de victimarse a esta pobre viuda, quien se encuentra perseguida y no puede alcanzar justicia hasta ahora (La Prensa, 18 de octubre de 1921). No obstante que las acusaciones de Ezequiel Urviola alcanzaban a hacendados de diversas provincias como Ignacio Frisancho Macedo, los hermanos Arturo y Rómulo Díaz, etc., el poderoso político y hacendado azangarino Angelino Lizares Quiñones se sintió ofendido por la correspondencia pública de Ezequiel Urviola. En la denuncia dirigida al alcalde de Lima, calificó la carta publicada en La Prensa de líbelo infamatorio (difamatorio, se diría hoy) habida cuenta que se le señalaba, injustamente, según relata, como el autor intelectual del ataque a la cabaña 219

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