Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

de recoger los impresos (ejemplares de La Evolución) que estuvieran en manos del autor. El diario protesta naturalmente contra «este incalificable abuso que perpetró este sacerdote cristiano» (La Evolución, 23 de marzo de 1918). La opinión pública quedó dividida en dos bandos: los que pedían la expulsión del sacerdote («sacerdotillo», en el lenguaje de los libelistas chancas), «so pena de recurrir a las vías de hecho», y los feligreses partidarios del párroco (La Evolución, 22 de noviembre de 1918). Los primeros organizaron un gran meeting para solicitar de las autoridades constituidas «la destitución inmediata al cleriquillo». Insistían, asimismo, que se le iniciara un juicio pidiéndole cuenta de la inversión para la construcción de la iglesia. Alcanzaron, por otro lado, un memorial al monseñor Emilio Lisson, flamante arzobispo de Lima, en el que daban cuenta de sus tropelías. Por lo visto, no confiaban en el obispo de Huánuco, Pedro Pablo Drinot y Piérola, sacerdote de los Sagrados Corazones y futuro rector de la Universidad Católica, a quien consideran coludido con Márquez (La Evolución, 7 de diciembre de 1918). El espíritu anticlerical es elocuente. Le desean que se «mande a mudar con toda su catedral a su convento». Esperan sus detractores, como ocurrió después de la derrota de Alemania, que acababa de perder la Gran Guerra, que «el simpático y angelical curita», «enmalete todos sus fetiches como el Káiser» y que se vaya, «no a Holanda sino a uno de los rincones de Mito, Sincos» (La Evolución, 22 de noviembre de 1918). Se exhibe también el racismo del periódico por el supuesto origen afroperuano del joven sacerdote; por ejemplo, cuando aluden a «su endeble y trigueña humanidad» y a su «mestizaje casi africano», que veían como una amenaza (La Evolución, 7 de diciembre de 1918). El grupo que apoya al sacerdote asoma también, pero ridiculizado, en la sectaria perspectiva de La Evolución. Se les tilda de «gente fanática propiamente ignorante y desconsolada»: Que con motivo del próximo meeting, contra el famoso cura Márquez, un grupo de damas piadosas y devotas de los sotanas, se ha dirigido a la subprefecto para que no permita su realización. Que este grupo femenil atrasado, por el obscurantismo, suponía conservar sus influencias como en el siglo X, para que el subprefecto intervenga inquisitorialmente en favor del cura de las mil aleluyas asquerosas (La Evolución, 22 de noviembre de 1918). Finalmente, hacia diciembre de 1918, el párroco Márquez se retiraba de la ciudad de Huancayo sin que se hubiera erigido la iglesia. Reclamaban 217

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