Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

contenía una denuncia por delito de imprenta. El documento remitido oficialmente invocaba el artículo 33 de la ley de imprenta, conforme al cual debía convocarse a la mayor brevedad a los jueces de hecho. La denuncia reviste todos los caracteres de un documento oficial: Lima, 9 de setiembre de 1918. Señor alcalde del Concejo Provincial: Tengo a bien adjuntar al presente oficio el que lleva el número 1,068 que me ha dirigido el jefe del Gabinete Militar, adjuntándome el número 128 del periódico Ilustración Obrera del 31 de agosto de 1918, en él se registra un artículo titulado «Es preciso decir la verdad» que pretende dañar la dignidad del ejército, a fin de que formule la denuncia respectiva y pueda recaer sobre el autor de dicho escrito la sanción correspondiente. Cumplo con formularla ante U. a fin de que se sirva proceder, como lo dispone el artículo 33 de la ley de imprenta que en la actualidad se halla en vigencia. Dios guarde a U. (AHM, juzgados de imprenta, expediente 925, folio 294, serie 1, 1918, denuncia). Ante la solicitud de los jefes militares mortificados por el artículo, la Municipalidad de Lima, con fecha 11 de septiembre de 1918, dispuso que se practique el sorteo de los jueces de hecho que debían conocer de la denuncia (AHM, juzgados de imprenta, expediente 925, folio 294, serie 1, 1918, sorteo del jurado). No se tiene noticia cómo terminó el caso. Queda claro, sin embargo, que al articulista del periódico no le faltaba la razón y no había modo de justificar o encomiar los motines militares, uno de los mayores males para nuestra nación. 10. EL PÁRROCO, EL INSPECTOR Y LA IGLESIA INACABADA Hacia 1918, un diario de tendencia anticlerical, La Evolución (el título es alusivo), informaba —en su número 647 del 11 de octubre de 1918— de la denuncia presentada por Alejandro Ruíz, inspector de policía del Concejo Provincial de Huancayo en contra del párroco Luis Teófilo Márquez por los diversos abusos cometidos en contra de la comunidad de Huari. Se acusaba, por otro lado, al cura Márquez, en el diario de inspiración darwiniana, de ordenar a los comuneros de Huari de trasladar piedras y construir un camino. El inspector Ruiz afirma en el diario que incluso niños de diez a catorce años eran tratados por el cura Márquez como bestias de carga. Sin remuneración alguna, sostenía indignado, que les obligaba a acarrear piedras de una cantera vecina, distante a tres 214

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