Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

imprenta ante el alcalde del H. C. Concejo Provincial y se los atribuye a los «hermanos» Eliseo Cavero y Anselmo Cordero (La Abeja, 29 de mayo de 1918). No se sabe en qué acabó la denuncia, si se conformó o no el jurado de imprenta (la ausencia de documentos no ayuda en esta reconstrucción), pero es posible deducir que solía acompasar a otros procesos judiciales, como en este caso a la disputa por la posesión de un terreno. El empleo de la prensa —quien acude gozosa— para ventilar asuntos legales, pero también para denigrar obscenamente, salta la vista. La Abeja no era un semanario informativo: era un vehículo de difamación regular. Los vecinos notables, dentro de lo que cabe conforme el contexto, posiblemente no sean otros que los mismos involucrados, cubiertos por el silencio cómplice e interesado del director o editor del periódico. La Abeja tolera también los insultos raciales que, por lo demás, se formulan entre parientes que poseen el mismo apellido y, ciertamente, el mismo origen. La raza blanca y el color de la piel se exhiben como valores superiores y la condición de «hijos legítimos» como signo de superioridad. 9. EL MOTÍN EN ANCÓN Y UNOS MILITARES OFENDIDOS El 31 de agosto de 1918, en el número 128 del periódico Ilustración Obrera, apareció el artículo titulado «Es preciso decir la verdad» que ridiculizaba un amotinamiento militar ocurrido en Ancón el 4 de febrero de ese año. El artículo, denunciado por abuso de la ley de imprenta, impugna severamente el militarismo que, a juicio del colaborador, constituyó «una vergüenza que desquició nuestras instituciones» y «desertó de sus cuarteles para hacerse poder en la política, imponer su voluntad al amparo de la espada y creerse árbitro de los destinos de la nación». No repara el colaborador del periódico en adjetivos muy duros como «ejército decorativo» y «superficie de las vulgaridades» (Ilustración Obrera, 31 de agosto de 1918). En una línea que recuerda a Manuel González Prada, el articulista escribe: Hacer la historia de nuestro militarismo, es hacer la historia de una horda armada del bajo imperio. Desde la independencia fue despótico, absorbente y demoledor. Aliado siempre a las malas causas, levantó gobiernos a quienes hizo instrumento de sus aspiraciones para explotar a la nación, sirviéndoles por conveniencia como su guardia pretoriana. Regístrense los presupuestos que han normado la vida económica de la república, y se verá que la partida destinada a ambas ramas del 212

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