Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

silencio, semejantes ataques a nuestra nacionalidad, cuyo prestigio es nuestro deber mantener incólume a todo trance. Por tanto: A Ud., suplicamos, se sirva admitir esta denuncia y sustanciarla con arreglo a la ley de la materia. Es de justicia (AHM, Concejo Provincial, jurado de imprenta, 1918-1923, denuncia del 5 de enero de 1923). El artículo denunciado por la comunidad china, publicado en el número 3 de El Peligro Amarillo (9 de diciembre de 1922), relataba en tono incendiario y lenguaje cargado de prejuicios y denuestos: «Señor doctor Eduardo Lanatta, diputado nacional. ¡No queremos más chinos! ¡No queremos más asiáticos! Este es el grito que repercute en todo corazón peruano. No queremos más sangre amarilla que venga a infiltrarse entre el organismo nacional y desvalorice el primer factor en que se apoya la raza: el hombre fuerte». Y continúa: Es clamoroso lo que viene sucediendo en nuestro país con respecto a las inmigraciones asiáticas; los amarillos vienen por cargamentos y penetran a nuestro territorio apoyados por tratados diplomáticos mal interpretados, a apoderarse de todas las industrias del país, y por tanto de la riqueza nacional, contando para el logro de sus fines ambiciosos, con la indiferencia que caracteriza al pueblo peruano, el que inflexiblemente debe pedir a los poderes públicos lo impida, porque son los llamados a velar por el engrandecimiento de la patria que hoy más que nunca necesita conservar la homogeneidad de la raza para defender en tiempo más o menos lejano las justas aspiraciones a que tiene derecho, pese a las doctrinas tendenciosas de muchos mal intencionados (El Peligro Amarillo, 9 de diciembre de 1922)55. En otro pasaje del documento denunciado, suscrito por Emiliano Vélez y Jorge Denegri, que apoyan la iniciativa legislativa del diputado Jorge Lanatta para impedir el ingreso de orientales al Perú, se lee: Diariamente contemplamos el irónico espectáculo que ofrecen centenares de obreros nacionales que se encuentran vagando por las calles, por falta de trabajo, mientras que los chinos y japoneses han monopolizado todas las pequeñas industrias, se han adueñado de muchísimos contratos de construcciones urbanas, ocupando de preferencia a sus connacionales, con daño manifiesto para los primeros. ¿Es posible que el sentimiento nacional colectivo se adormezca bajo una atmósfera de conformismo y no manifieste su protesta en forma vibrante y elocuente por la infiltración al país de elementos étnicos inferiores a nosotros que traerán como consecuencia la degeneración económica, moral y material de nuestro pueblo? Todavía es tiempo de reaccionar, todavía se puede contener esa avalancha que pretende aniquilar a este desprevenido país por lo mismo que es tan hospitalario. Detengámosla, cerrándoles las puertas de nuestro territorio, y no 201

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