Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

con pita y cordel. El joven Mario Rojas, trabajador de la hacienda, liberó a los demás empleados, abriéndoles la puerta. La cocinera, a su vez, liberó al juez y a su esposa. Junto con el administrador Cáceres, constataron si el contenido de los baúles estaba completo y la esposa del juez advirtió que se había sustraído todo el dinero que allí había (El Comercio, Cusco, 11 de enero de 1901)52. El juez Espinoza se defiende de las acusaciones de corrupción a través de las cartas de vecinos notables que salen en su defensa. Así, Manuela C. V. de Guerra niega que hubiera recibido ganado de manos del magistrado para que paste en sus tierras. Lo propio asegurará el hacendado Enrique Salazar (El Comercio, Cusco, 11 de enero de 1901). Lo importante para él era su honor. «Recién puedo dirigirme ante el tribunal de la opinión pública para que pueda juzgar y fallar sobre las maldades cometidas por cierto grupo de enemigos», asegura. Agrega, sin embargo, el juez Espinoza, en la carta del 28 de noviembre de 1900: «Toca al poder judicial al que he tenido el honor de pertenecer; procurar que no queden impugnes los delitos que denuncio; pues que así se reclama la vindicta pública». El Comercio del Cusco se convierte en una tribuna empleada por el juez, sus defensores y detractores. Cuestionaba el juez de Anta un pliego que habría sido formulado «por vecinos de no muy honrosos antecedentes de aquella localidad». «Lanzar la calumnia más soez a un magistrado, por inmaculado que sea, es cosa fácil para los menguados. Pero, cuando se trata de probar una suscitación maligna y el agraviado pide la sanción de la justicia para confundir a los perversos, entonces es el crujir de dientes y vienen los arrepentimientos que los hacen todavía más despreciables», anota. Mariano Espinoza recuerda que ha denunciado ante el alcalde del Concejo Provincial del Cusco, como libelo infamatorio, el acta publicada en El Comercio del Cusco. «Siendo indudable que el jurado, declarara haber lugar a formación de causa», emplazaba a sus ruines enemigos y los retaba a presentar pruebas de las calumnias. No sabemos cuál sería el jurado que llegó a constituirse y si se pronunció a favor del polémico juez, pero de este caso periodístico es posible colegir que también se empleaban las denuncias por abuso de imprenta como un vehículo de represalia y como un instrumento de uso político, como parece ser en este caso. 3. EL JOVEN E ILUSTRADO HACENDADO DE CHUMBIVILCAS 194

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