El fiscal Francisco Villacorta, instruido por el juez Neptalí Chávarri, argumentaba que, si el artículo se hubiera tratado únicamente de censurar una conducta individual, «tal vez habría hecho caso omiso de las invectivas, que contiene, pero declarándose acerca de la administración de justicia que esta le encomienda en aquella provincia», resulta preciso que se patentice plenamente al autor (ARL-CPCH-LV-AJI, 1894-1901, denuncia ante el jurado de imprenta del 22 de diciembre de 1898). El fiscal quiere, pues, «que se conserve incólume el prestigio de la magistratura nacional que es la salvaguardia de la vida, la honra y la propiedad de los asociados». Solicita el agente fiscal que se dé trámite a su denuncia y se sortee, entre 32 ciudadanos, los siete jueces de hecho que corresponden. Exige, además, que se acelere el proceso «en tan desagradable asunto». La denuncia está secundada por un ejemplar del periódico en el que aparece el impreso denunciado. Realizado el sorteo, se reunieron, en el salón de sesiones del Honorable Concejo Provincial de la ciudad de Chiclayo, los señores Guillermo Polo, Manuel Pestana, Alberto C. Vargas, Alejandro Orteaga, Francisco Lastreo, Celedonio Lecca y Augusto C. Townsend, jurados elegidos por sorteo para conocer la denuncia (ARL-CPCH-LV-AJI, 1894-1901, audiencia del jurado de acusación del 23 de agosto 1900)50. Leído el artículo «Ynáudito», se declaró por mayoría de votos haber lugar a formación de causa. Firmaron el acta todos los presentes, notables personajes de la ciudad, entre los que destacaban comerciantes y hacendados. Prevalecía, pues, la posición del Poder Judicial. Constituía una suerte de anuncio, una advertencia para la prensa de la época, una demostración del espíritu de cuerpo. 188
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