Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

un proyecto para duplicar el impuesto. El general Cáceres, jefe supremo, declaró entonces «que no permitiría el sacrificio de los valles del Sur, mientras él fuera autoridad». La iniciativa presidencial sirvió de poco. Producido el cambio de gobierno, el Congreso aprobaba el aumento de un cien por ciento al impuesto de los alcoholes (La Bolsa, 11 de noviembre de 1898)47. El golpe fue letal: «Tambo sostenía los fundos por amor al trabajo o a la antigua tradición: la utilidad se redujo a cero, los hacendados adquirieron créditos para sostener a sus familias y continuar produciendo aguardiente». Los productores —entre los que se hallaban las familias Guardia, Llosa, Villalonga, Olazával, Somocurcio, Lira, Cosio, Arispe y Ojeda— culpaban al Estado de «asestar el golpe de gracia a la principal industria de cuatro departamentos». Cuestionaban, por otro lado, que no se hubiera estudiado la trascendencia de esta medida. Hasta se preguntaban, con ingenuidad, si las rentas fiscales obtenidas se habían invertido con honorabilidad. Una severa crítica al sistema tributario de su tiempo emerge del siguiente texto: Es necesario igualar el presupuesto locamente elevado en sus egresos; hay que pagar los créditos adquiridos en las revueltas por sus caudillajes…hay que construir iglesias donde no existen fieles, sostener colegios que rindan letrados, donde faltan brazos para la agricultura; levantar puentes para favorecer fundos o empresas particulares; y la poca, la muy poca gente que en el Perú vive de su trabajo, para vergüenza nuestra, es la sacrificada sin consideración ni miramiento alguno (La Bolsa, 11 de noviembre de 1898). Los hacendados de Tambo suplicaban a don Manuel Candamo, prominente figura política, que hiciera uso de su influencia y evitar así el aumento del impuesto a los alcoholes, que amenazaba con la ruina completa al valle de Tambo. Sin embargo, Candamo no respondió. De quien sí recibieron respuesta fue de Francisco de Rivero, quien, conforme a la práctica política de ese entonces, les pidió dinero. El diputado formulaba una exigencia escandalosa, incluso para los cánones parlamentarios: «Hacendados Tambo. El Congreso extraordinario fue convocado ayer, se ocupará del asunto de los alcoholes. Ordenen Banco Callao Londres me entreguen mil soles para gastos generales. Carezco de recursos». El pedido del diputado De Rivero generó un gran malestar entre los hacendados de Tambo. Un suelto en su contra fue publicado en el diario La Bolsa, en el que se leía: 183

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