Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

El magistrado no se contenta con defender la libertad de imprenta: va más allá y prácticamente formula una invocación al jurado para que se absuelva al joven estudiante: Contemplo un debate en el que se compromete el porvenir de un joven estudiante y que no puedo excluir del afecto que me merece la generación que asiste a las aulas. Para mí, señores, esta discusión me parece que va a sentar un precedente encaminado a la reforma social y de la legislación privativa, manteniendo la tranquilidad y el orden. En medio de este caos que me confunde, están mis deberes oficiales, y al retirarme para que deliberéis os encargo, señor que seáis justicieros y humanitarios (López Albújar, 1963, pp. 75-76). A las 2 horas y 40 minutos de la tarde, una vez oídas las impresiones del juez Viterbo Arias, el jurado pasó a una sala secreta para deliberar. Media hora después, se reabrió la audiencia y el doctor Labarthe, presidente del jurado, dio a conocer el veredicto de absolución: Habiéndose observado en este juicio los trámites de ley, y calificándose por los jueces de hecho con la fórmula de absuelto el impreso titulado Ansias, denunciado en el primero de mayo del corriente año por el agente fiscal, la ley absuelve a don Enrique López Albújar, responsable de dicho impreso. En consecuencia, mando que sea puesto en libertad, sin que este procedimiento le cause perjuicio ni menosprecio en su nombre o reputación, lo que se ejecutará inmediatamente (El Comercio, 26 de junio de 1893). López Albújar fue puesto en libertad. Había permanecido casi todo un mes en la cárcel de Guadalupe, desde el 30 de mayo de 1893. Fue agasajado en la sucursal del Hotel Francia e Inglaterra del Portal de Botoneros, en el centro de Lima. Posteriormente, en compañía de su padre, propietario de la hacienda Chapica, en Huancabamba, quien lo acompañó a lo largo de la audiencia, tomó el vapor al norte, donde permanecerá hasta el mes de setiembre (López Albújar, 1963, p. 77). En cuanto al abogado, el doctor Aurelio Fuentes, se supo que no aceptó un cheque por 200 soles que le remitiera el padre del acusado; sin embargo, después de su liberación, el joven López Albújar, «puso en manos del doctor Fuentes un magnifico, cronómetro de repetición, de tres tapas de oro, el que tiene las armas del Perú y una dedicatoria con la fecha de hoy» (El Comercio, 26 de junio de 1893). 26. EL SUBPREFECTO DE CASTILLA Y UNOS VECINOS INCENDIARIOS 173

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