primero los abusos y los vicios de las sociedades, y luego podréis reprimir a la prensa! ha dicho un pensador europeo!». El abogado de López Albújar recordó que, durante los trabajos eleccionarios, no faltaron en los diarios numerosos artículos de propaganda, sea a favor de la formación de una constituyente, sea en contra del Congreso (cuya disolución total o parcial se proclamaba como necesaria), sea en favor de un llamamiento al pueblo para que, por medio de plebiscitos, se pronunciase contra el orden actual de cosas. «Esos artículos [recalca el hijo letrado de El Murciélago] eran todos contrarios a la Constitución, tendentes a destruirla; eran sediciosos porque incitaban a la rebelión contra el Poder Legislativo. Sin embargo, señores, no hubo denuncia de esos impresos que eran subversivos, nadie los reprimió, ni pretendió reprimirlos». «Otro periódico [sostiene Manuel Aurelio Fuentes] decía por su parte que los miembros de la ‘Unión Cívica’, eran todos unos bribones o personas engañadas por sus esposas, tildándolos de asesinos y ladrones y otros insultos repugnantes». Fuentes aprovecha para rememorar situaciones de tensión política en la historia peruana del siglo XIX: He dicho que no es esta la primera vez en que la prensa se halla en situación anormal, en cuanto a la pasión que en los escritores se ha notado. Recuérdese la lucha eleccionaria de 1850 entre los generales Echenique y Vivanco; la de 1872 entre los señores doctor Arenas y Manuel Pardo; en esta llegó la prensa gobiernista, representada, entre otras personas, por dos aventureros colombianos, a denigrar de un modo nunca visto al candidato Pardo (El Comercio, 26 de junio de 1893). En otro pasaje de su discurso de defensa, celebrado por la platea, Manuel Aurelio Fuentes recurre a una consideración de la historia universal: Jorge Washington, el fundador de la independencia norteamericana dio a su patria leyes liberales sobre imprenta, cuando ni aún soñábamos nosotros en tener la deficiente de 1823. Washington no carecía de enemigos que por la prensa lo atacaran con dureza y virulencia; ello hacía sufrir mucho al grande hombre cuyo corazón era muy susceptible a la ofensa; sin embargo, jamás infringió las leyes de la prensa, ni persiguió a uno solo de sus redactores. ¿Qué sucedió señores? ¡Que el veneno se neutralizó y se disipó por sí mismo!… De todos los pueblos del tránsito salieron habitantes que, formándole comitiva, lo acompañaron de pueblo en pueblo hasta su ciudad natal. ¿No vale más señores, ser Jorge Washington que 171
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