Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

El doctor Orihuela— Como la defensa viene después de la acusación, esperaba que hablasen primero mis acusadores El juez— Ya no puede usted hablar ahora (los miembros del jurado manifiestan su deseo de que el acusado se defienda). El juez— Tiene usted la palabra (Defensa del doctor don Telémaco Orihuela ante el Jurado de Imprenta […], 1982, p. 22). Ya en el uso de la palabra, Orihuela reclamaba la presencia del prefecto Julio Jiménez: Señores: cuando yo creí que antes faltarían mis jueces que mi acusador a esta cita, veo que mi acusador ha huido; cuando yo creí oír una formidable acusación, cuando la saña con que he sido perseguido hace más de un año me anunciaba que hoy más que nunca tendría que esforzarse en parar sus facundos golpes, encuentro que nada puedo hacer, que no tengo por qué defenderme, puesto que nadie me acusa (Defensa del doctor don Telémaco Orihuela ante el Jurado de Imprenta […], 1982, p. 22). Ante la ausencia del aludido, el juez ordenó al secretario leer el escrito de acusación (entiéndase denuncia). Acto seguido, el abogado y denunciado repuso que demostraría la verdad de las afirmaciones del escrito tildado de calumnioso, aunque advierte que debe contestar también las imputaciones de la acusación. Hábilmente, empieza esgrimiendo un supuesto límite al derecho de defensa: [C]uando yo creí —dice Orihuela— que los inmortales principios del derecho público en que voy a fundar mi defensa me infundirían el valor moral que ha distinguido siempre a los campeones de la libertad de imprenta, me siento acobardado, señores, para contestar yo mismo las invectivas de ese escrito. Cuando el derecho de defensa es mirado en todas partes como sagrado o inviolable, cuando el impedir la defensa de un reo o el perseguirlo por haberse defendido, será siempre un atentado, tengo que admirarme de la conducta del señor juez, y me vienen a la memoria los golpes que he sufrido cada vez que he hablado o escrito en mi defensa (Defensa del doctor don Telémaco Orihuela ante el Jurado de Imprenta […], 1982, p. 3). Lamenta ante el jurado que los dos escritos que publicó para defenderse del coronel Jiménez le hubiesen costado sendos juicios de imprenta. Uno de los cuales es el que se tramita; mientras que el otro, añade, le costó «una multa de 300 soles y la clausura y secuestro de la imprenta Grau que lo dio a luz» (Defensa del doctor don Telémaco Orihuela ante el Jurado de Imprenta […], 1982, p. 2). Recuerda, asimismo, «que el informe verbal que pronunció mi defensa […] me costó otro juicio criminal en que, sin ser 152

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