Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

Un mes y cinco días después de haberse sorteado el jurado, hubo pronunciamiento: El Lima a los 18 días del mes de octubre de 1889, reunido el jurado que debe conocer en la denuncia presentada por D. Antonio Rodríguez Ramírez, de un artículo publicado en La Opinión Nacional, del 7 de setiembre N° 4378 titulado solicitud y que se registra en la sección comunicado, y siendo las ocho y cuarenta y cinco minutos pm. Declaró: No ha lugar a formación de causa (AHM, Concejo Provincial de Lima, jurado de imprenta, legajo 3, 1895-1906, declaración del jurado). Con este veredicto del jurado, adverso para el coronel Antonio Rodríguez, que le daba derecho a defenderse de una terrible acusación (la de traidor), de alguna forma el subteniente Fernando O’Neill encontraba justicia. 24. EL JURADO EN EL CUSCO: UN PREFECTO PODEROSO Y UN ABOGADO VALIENTE Telémaco Orihuela, abogado de profesión, fue denunciado ante el jurado de imprenta nada menos que por el prefecto del Cusco, don Julio Jiménez, a quien el primero le imputó los delitos de soborno y defraudación de fondos públicos. El primer jurado de acusación declaró haber lugar a formación de causa contra Orihuela y el expediente fue remitido al juez del crimen Agustín Quintanilla (Defensa del doctor don Telémaco Orihuela ante el Jurado de Imprenta […], 1982, pp. 1-7). El abogado ejerce su propia defensa ante el jurado de imprenta reunido para fallar en la denuncia de un suelto aparecido en el periódico eventual La Justicia, donde se le atribuía al coronel Jiménez la comisión de graves delitos en el ejercicio de sus funciones (Defensa del doctor don Telémaco Orihuela ante el Jurado de Imprenta […], 1982, p. 59). En la audiencia ante el jurado, se produce una curiosa discusión sobre el orden de las intervenciones. Así, el juez del crimen no está muy seguro sobre si debe dar el uso de la palabra al fiscal o al abogado de su propia causa. Se trataría de falta de experiencia en la conducción de estos procesos que, en verdad, no eran usuales. Leamos un pasaje de la audiencia y el curioso diálogo que se suscitó: El juez del crimen, doctor don Agustín Quintanilla— Usted debió haber hablado antes. 151

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