Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

O’Neill, quien había perdido dos hijos en la Guerra con Chile —uno en el Morro de Arica y otro en la batalla de Miraflores—, pasa al ataque contra los doce militares que componían la Sociedad Fundadores de la Independencia y Vencedores del 2 de Mayo: ¿Alguno de estos antiguos militares que hoy se ocupan de mí en la sociedad, fue herido en algún campo de batalla o acción de guerra? Ninguno: siempre conservaron su cuerpo; mientras tanto yo derramé mi sangre como valiente en la batería de Santa Rosa (1866) y en la Guerra con Chile monté como albañil mecánico los cañones de a mil en la Punta del Callao y cuando los enemigos desembarcaron en Lurín, trabajé los reductos de Miraflores, batiéndome allí al lado de mi hijo y resulté herido, aunque levemente. O’Neill pide, pues, mediante su carta del 2 de setiembre de 1889, que se reconsidere la medida y se le vindique por acreditar su participación en el combate con un diploma de vencedor expedido y firmado por el presidente Manuel Pardo. Antonio Rodríguez, coronel del ejército y presidente de la junta calificadora de la sociedad, no obstante ser el ofensor, se sintió agraviado por la publicación de O’Neill y, el 10 de setiembre de 1889, lo denunció ante el presidente del Honorable Concejo Provincial de Lima. Juzga que en él se pretendía mancillar su buena reputación como particular y como militar y que con él se tacha su honrosa carrera, aunque no explica en qué consistía los cargos contra el ciudadano británico. Califica al escrito como «libelo infamatorio» y «recurso injurioso» —previsto en el artículo 14 de la ley de imprenta— y subraya, mortificado posiblemente por la afirmación de O’Neill en el sentido que no había combatido en batalla alguna, que «después de la desastrosa campaña del sur en la que cumplió su deber como peruano y como militar, tuve que permanecer en esa sección de la República hasta mucho después de las hermosas jornadas de Chorrillos y Miraflores y de la ocupación chilena» (AHM, Concejo Provincial de Lima, jurado de imprenta, legajo 3, 1895-1906, denuncia presentada por Antonio Rodríguez). Tres días después de la denuncia, se reunieron, en el salón de sesiones de la Municipalidad de Lima, el señor alcalde César Canevaro y los concejales Felipe S. Mesa y Alfredo Benavides «con el propósito de practicar el sorteo de los jurados». Resultaron electos como miembros del jurado los señores Manuel Manco y Maíz, Ismael Aspíllaga, M. Vázquez, José Ezeta, Manuel Álvarez Calderón (hijo), Pedro A. Labarthe y Luis Deluchi, con lo que terminó el acto y firmaron. 150

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