— se confiesa depositario de muchos de sus secretos. Allí subraya que el acusado Espinoza fue interrogado en una sala del palacio alumbrada por una sola bujía. Bolívar le dijo: «“Mira, en el fondo de este salón, al alma de Monteagudo que te acusa de ser su asesino”. “Yo confieso todo, pero no me maten”». Bolívar le contestó: «“Descúbreme todo, y te perdono”». Con las rodillas dobladas habría confesado: «“El señor Sánchez Carrión me dio cincuenta doblones de a cuatro pesos, en oro, para que matara a Monteagudo, por enemigo de los negros y de los peruanos”» (Palma, 1906, p. 589; véase también Mosquera, 1878, p. 18). Mosquera relató que Bolívar le contó a él y al general Florencio O’Leary que el autor de la muerte de Sánchez Carrión fue el general Tomás Heres (Angostura, 1795-1842), ministro de guerra del Libertador, quien habría echado veneno en polvo en la horchata que tomaba el ideólogo peruano, aprovechando que salió de paseo de su casa de Lurín (Palma, 1906, p. 590). Mosquera excluía de toda responsabilidad a Bolívar. Ricardo Palma considera el relato del general Mosquera una ratificación de su posición y se da por victorioso frente a sus detractores Mariano Felipe Paz Soldán y Francisco Javier Mariátegui, quienes cuestionaban su hipótesis (Palma, 1906, p. 591). Pensaría también que era una segunda victoria sobre quienes lo denunciaron por abuso de imprenta. Su relato hallaba una ratificación. 20. EL CASO PIÉROLA: NI CODICIOSO NI COBARDE Apareció publicado, en el número 288 del periódico La Tribuna (16 de junio de 1884), un escrito titulado escuetamente «Colaborador», suscrito por Víctor E. Vinatea. Se cuestionaba allí al exjefe de Estado que, en el día mismo de la instalación de su gobierno, en pleno conflicto con Chile, se había reunido, a las 10:30 de la noche, con un agente del prestamista Dreyfus para ocuparse «del arreglo de las cuentas y negocios de este con el Perú». Según Vinatea, a los pocos días de la inauguración del gobierno de Piérola, el dictador le reconocía a Dreyfus, cuando todavía se discutía en los tribunales si este era acreedor o deudor, el pago de 100 millones de francos, cuando el comerciante francés no exigía ni reclamaba más que 25 millones, sin que se supiera por qué se le hizo este incremento de 75 millones de francos. Y no solo eso, sino que también «ordenó Piérola que los cargamentos de guano recién llegados a Europa, y en camino 139
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