Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

tendría quizá algún fundamento, pues el médico asignado a Sánchez Carrión —un cirujano inglés apellidado Moore— prescribió el mismo tratamiento que se emplea para combatir una intoxicación y sus colegas — Sánchez Carrión tenía tres médicos—, lejos de combatir su opinión, se sujetaron a ella (De Odriozola, 1877, p. 413). Finalmente, Sánchez Carrión falleció el 2 de junio de 1825. Hipólito Unanue, ante la ola de rumores que corrían en Lima que hablaban de un envenenamiento, con lo que se lesionaba la imagen del gobierno, comisionó a un médico de prestigio, Cayetano Heredia, entonces director anatómico, para que en Lurín se practicase la autopsia del cadáver (De Odriozola, 1877, p. 413). Según Ricardo Palma: «El informe de Heredia fue un tanto ambiguo y sólo se publicó la parte final de él, en que dice: que una rápida descomposición del hígado, había producido el prematuro fin del ilustre tribuno. Como Monteagudo, murió Sánchez Carrión a los treinta y nueve años de edad» (De Odriozola, 1877, p. 414). El estudio de Palma sobre estos sucesos no solo cuestionaba la integridad del Libertador o la de Sánchez Carrión, casi un emblema de la ética republicana, sino incluso la de Hipólito Unánue, cercano colaborador de Bolívar. Palma recuerda su polémica con Mariátegui, Paz Soldán y otros y la denuncia del hijo de Unanue: «El estimable señor Unánue, calificándome de difamador de la memoria de su ilustre padre, me llevó ante el jurado de imprenta, el cual declaró, ahorrándome con su declaratoria las molestias que todo proceso proporciona, que la Historia no es justiciable» (Palma, 1906, p. 562). Posteriormente, ya en 1906, Palma amplió el estudio historio de la muerte de Monteagudo y Sánchez Carrión (Palma, 1906, pp. 542-598). Seguía convencido de que el asesinato de Monteagudo fue crimen político y no común. Creía que Bolívar descubrió al autor intelectual, que no sería otro que Sánchez Carrión, quien murió a su vez a consecuencia de los estragos de un veneno. Añadía que detrás de la idea de dictadura vitalicia concebida por Bolívar se agazapaba un proyecto monárquico y finalmente que Bolívar no amaba al Perú ni a los peruanos (Palma, 1906, p. 564). Tres semanas antes de su muerte, el general colombiano Tomás Cipriano de Mosquera (Popayán, 1798-Coconuco, 1878), conocido como «Mascachochas», publicó un sensacional folleto titulado Bolívar y sus detractores (1878, p. 18). Mosquera —secretario privado de Bolívar, ayudante de campo y jefe del Estado, colaborador estrecho del Libertador 138

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