Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

denunciado por Manuel Atanasio Fuentes, por considerarlo altamente calumnioso, señalaba que Fuentes, al ejercer el cargo de juez de primera instancia en Huánuco, se hizo de tres potencias de oro de un crucifijo39. También se decía, en el artículo «Murcielografía» —esto es, una suerte de biografía de Fuentes—, que El Murciélago había purgado prisión en la cárcel de Clichy, una famosa prisión del norte de Francia, en Nanterre (AGN, Corte Superior de Justicia, expedientes judiciales, legajo 720, 1864-1990, denuncia de Manuel Atanasio Fuentes del 11 de mayo de 1863). El escrito iba precedido por dos epígrafes, uno en latín y otro en castellano: «Hoc jacet un túmulo cum murciélago Satanasio» («En esta tumba yace el murciélago Satanasio») y «Quien tal hizo que tal pague». Desde el comienzo, se busca ridiculizar al escritor costumbrista. José Toribio Polo ni por un instante duda de esconderse bajo un seudónimo o de un anónimo. El conflicto entre ambos personajes con ostensible diferencia de edad (Fuentes nació en 1820 y Polo en 1841), pero vinculados los dos al mundo de las letras, parece derivarse de unos retratos de personas que publicó el joven bibliógrafo (Polo, 1862). Polo da cuenta de un incidente que dio pie al conflicto: Al principio mi cuestión con Fuentes se concretó a esto en resumen. Salió a luz la 6ta. entrega del «Parnaso Peruano» y, aprovechando de la brillante oportunidad de lucir sus partes crítico-burlescas, el señor Jorquera con un poco de ligereza analizó las poesías del Dr. Pérez en el Mercurio del domingo. El jueves de la próxima semana hubo un segundo artículo bastante fuerte contra el autor y contra mí. Me fue preciso contestar las objeciones magistrales sobre toma y ella. Y explicarle a D. Omniscio rol que «nunca lo había comprendido». Como lo que se imprime queda ahí ad perpetuamrei memoriam no importa que, quien tan poco guarda a la verdad sus fueros, repita ‘que él me aseguró que rol no era dicción castellana’. Permítame al lector llamar al Murciélago mentiroso: él se limitó a su mí no entender. Que esa voz francesa significaba posición, empleo, se lo probé con la autoridad de tres diccionarios; añadiendo que si en el de la Academia Española constaba su filiación, no hacía caso que no se hubiesen puesto todas las acepciones. A tan moderada respuesta y por una leccioncita mía soltó sus iras. A los denuestos y desprecio del Criticastro se me hizo necesario afrontarle algo de lo mucho que sé y callo por miramiento; no a quien tanto ha hecho para que se le repute cínico, sino al país y al olfato del que obraría imprudente agitando esa asquerosa y nauseabunda charca […]. 128

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