Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

Ese hombre que mientras sus esbirros penetraban en el cuarto de formar del general Castilla y a gritos pedía su cabeza, y acribillaban a balazos a los retratos, colocados en una de las habitaciones interiores. Vivaba él en la calle la Constitución del 56, y pedía el restablecimiento de la Convención Nacional. Ese hombre que, viendo frustrados sus perversos planes y sin poder arrancar la vida a S.E. el presidente, descargó sus dos revólveres sobre dos infelices soldados, y los dejó por muertos, solo porque vivaron al general Castilla. Ese hombre rojo como la sangre de que tiene sed, ese hombre, ya lo saben todos, ese hombre es el Dr. José Gálvez Egúzquiza (El Comercio, 25 de noviembre de 1860). Culmina el artículo que defiende a Castilla bajo una nueva composición de fuerza, esta vez conservadora: Difícil es creer que una persona de los conocimientos del Dr. Gálvez, con descendencia a quien debe legar un nombre inmaculado, se encuentra hoy asilado en una legación como cómplice principal del asesinato que debió ejecutarse en la mañana del 23 del presente […] para conseguir el triunfo de sus principios, que son los del 54. El restablecimiento de la Convención Nacional y la vigencia de la Constitución del 56 (El Comercio, 25 de noviembre de 1860). En efecto, uno de los principales artífices y público defensor de la Constitución de 1856 era José Gálvez Egúsquiza quien, en un conocido manifiesto, señalaba: La Constitución de 1856 contiene todo lo que ha habido de bueno en nuestras anteriores Constituciones desde la del año 1823 hasta la de 1839 […]. Los mismos enemigos de la Constitución de 1856, que con toda animosidad la han criticado, y que tan empeñosamente han buscado puntos de comparación para hacerla aparecer inferior a las anteriores, no han podido citar un solo artículo, un inciso siquiera, que habiéndose calificado y prácticamente experimentado como bueno en las Constituciones pasadas, haya sido otorgado en la de 56 (Gálvez Egúsquiza, 1999, p. 655). Los artículos «El partido liberal y el asesinato del presidente» y «Fuera máscaras» serían denunciados por doña Petronila Porras de Castillo, esposa del general D. Fermín del Castillo Arias, por vincularlo con este atentado, pues en los artículos denunciados se hacía alusión no solo a la Convención Nacional —y sus intentos por restablecerse a ella misma y a la Constitución de 1856—, sino también a la revolución del 15 de agosto de 1856 que había encabezado en su momento el general Fermín del Castillo contra el segundo gobierno de Ramón Castilla38: 126

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