Evidentemente, el artículo busca asociar a los responsables del motín contra Castilla con la Convención Nacional. En esa misma dirección apunta un segundo artículo titulado «Fuera Mascaras»: Queremos ocuparnos de la categoría de los bandidos, de los que, para saquear la hacienda nacional, meditan desde 1856 el más horrible asesinato contra la persona del general Castilla. Así como los salteadores de baja esfera tienen una devoción a la Carta fundamental de 1856; y en sus grandes apuros, cuando están próximos a cometer un asesinato la invocan y vivan a la Convención Nacional. Esta horda comenzó a vivir hace cuatro años. El jefe que la fundó tuvo que abandonarla después de su descalabro del 15 de agosto. La sangre del general Castilla no se derramó entonces, y como con esta se debía escribir el rojo programa de su administración, el edificio se destruyó en el mismo día en que se debió levantar (El Comercio, 25 de noviembre de 1860). El autor del libelo da pistas sobre la identidad del autor intelectual del motín y, de modo directo y expreso, sindica a José Gálvez Egúsquiza como el responsable principal del atentado contra Castilla, al parecer con la intención de restablecer la Convención Nacional y la plena vigencia de la Constitución liberal de 1856. Se advierte que el libelista rechaza dicha carta política: Los asesinos de agosto de 56 fueron descubiertos, pero no castigados, porque merecieron el apoyo de algunos convencionales, o de uno de ellos que ocupaba un lugar preferente, y era uno de los miembros notables de la horda consabida. Ese hombre que sustituyó al antiguo jefe. Ese hombre que cual otro Robespierre pedía a gritos en la tribuna convencional la sangre de los vencidos en la Palma. Ese hombre que insultaba atrozmente a la desgracia. Ese hombre que no cesaba de mancillar el honor de los que militaron en la pasada administración. Ese hombre que mandó arrojar al extranjero multitud de padres de familia y despojar de sus puestos a un crecido número de empleados civiles, judiciales y de hacienda. Ese hombre que combinó el plan de asesinato en agosto de 56. Ese hombre que quizá armó el brazo del asesino del 25 de julio. Ese hombre que el 23 del actual, asociado con Alarco, Lara y Aparicio, en su caballo castaño y con revolver en mano, mandaba escalar la casa particular de S.E. el presidente de la República, para asesinarlo a él y a su familia. 125
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