Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

ejecutivo y que predica la anarquía y la desunión». Ataca, finalmente, con dureza a la Convención Nacional y a la mayoría liberal que la conformaba: En la Convención Nacional diéronse a conocer los caudillos de ese perverso partido. Conspiraron contra la vida de S.E. el presidente de la República el general Castilla. La primera manifestación de ese diabólico partido fue el 15 de agosto de 1856. Desde entonces se ha pensado en asesinar al general Castilla, y si alguno duda de esta verdad, estamos prontos a probarlo con las causas criminales que se siguieron a los revoltosos de la Inquisición. Desde entonces ese partido, sin secuaces de consideración, diminuto por su número, desacreditado por la exageración de sus principios, si principios pueden llamarse el libertinaje, la venganza y el asesinato, ha pretendido ocupar la silla presidencial realizando el más horrible crimen que puede meditarse (El Comercio, 24 de noviembre de 1860). La tensión política entre partidarios y detractores de la Constitución de 1856 alcanza verdadero dramatismo: Un partido criminal en su origen, criminal en sus hechos, ni ha logrado extenderse fuera de algunas cuevas de esta capital, ni ha podido jamás reunir la fuerza necesaria para luchar de frente y noblemente, es por esto que su primera tendencia ha sido asesinar al general Castilla y con este objeto tanto el 15 de agosto de 56, como el 25 de julio y el 23 de noviembre actual, se ha visto a las personas que lo componen, escalar la casa particular de S.E., penetrar en ella como unos bandidos salteados y, sedientos de poder y de sangre, solicitar la persona del presidente para atravesar su pecho con el puñal o la bala (El Comercio, 24 de noviembre de 1860). Los detractores de la Constitución liberal proclaman: Los conspiradores de 1856, o sea el partido asesino, tanto en la prensa, como en la tribuna y las plazas públicas decían por todo motivo de oposición, que el general Castilla había traicionado a la Revolución del 54. ¡Necios! Llaman traición al hecho más noble del presidente: haber reincorporado en el ejército a multitud de jefes y oficiales vencidos en la Palma, de distinguido mérito. Llaman traición al acto de justicia realizado por S.E. llamando al servicio de la lista judicial a multitud de magistrados que quedaron sin colocación en 1855. Llaman, en fin, traición el haber procurado por todos los medios posibles la reforma de una mala Constitución, y la buena voluntad con que ha jurado cumplir y hacer cumplir la actual, dada por el Congreso que se haya reunido. Eso es lo que llaman traición los pocos que componen el partido de los asesinos (El Comercio, 24 de noviembre de 1860). 124

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