chicana. Era la esencia, el tipo de todo lo que en la menguada ciencia forense había de más rebuscado; la maña, el sofisma, la impostura. En otro pasaje citado, Vicuña Mackena cuenta en tono jocoso: Y en cuanto a su moralidad profesional, refiérase de voz vulgar que cuando daba consejos a un cliente que por primera vez lo consultaba, le decía sin rebozo, señalándole los estantes de su estudio: en este lado están todas las leyes por las que Ud. ganará su pleito y en el opuesto todas aquellas por las que deberá perderlo; lo que fuera cierto o no lo fuera, pareció tan ingenioso y característico, que ha quedado como un proverbio en todas las escribanías y bufetes de Santiago, donde todavía el chillanejo Rodríguez es la primera eminencia del foro (Vicuña Mackenna, 1880, p. 346). En la acusación, se lee que el historiador chileno ha quebrantado «toda recta inteligencia de estos preceptos legales, a todo culto por los principios, protectores del honor de los ciudadanos, a toda consideración por el respeto que los hijos deben a la memoria de sus progenitores» (Carmona, 1861, p. 11). El abogado de la parte agraviada, José Eduardo Cáceres, narra con dramatismo: Señores jurados: veinte años han transcurrido desde que bajó a la tumba el esclarecido ciudadano, eminente patriota y jurisconsulto D. José Antonio Rodríguez Aldea…Y ahora, señores, ¿qué les trae a este sitio, con la frente erguida, ansiosos de reparación y de justicia? Qué les trae, sino el cumplimiento del deber más sagrado que puede caber en gloria a un hijo: ¡Vindicar a un padre amado! ¡Arrojar de su frente la leve mancha con que esa mano osada ha querido empañarla! ¡Triste y sublime deber, señores! Santo deber con el que debéis simpatizar todos vosotros, todos los corazones generosos a quienes alientan el puro e indeleble afecto de familia (Carmona, 1861, p. 12). Debió haberse generado una batahola que el juez, quien dirigía la audiencia, amenazó con despejar la sala si continuaba el desorden. El abogado persiste, pero pretende ingresar en el terreno polémico de la valoración histórica: «El acusado, señores, vendrá a deciros ahora que es inocente, que ha querido consagrarse solamente a apreciaciones históricas; pero nosotros le esperamos en ese mismo terreno donde muy luego veréis destacarse, cuán alta es, la figura de D. José Antonio Rodríguez Aldea» (Carmona, 1861, pp. 13-14). El abogado Cáceres acusa a Vicuña Mackenna de subjetivismo y sentimiento de partido: «[…] Un buen criterio, una vigorosa imparcialidad, que no le desvíen un punto de justicia y de la verdad; he aquí las 118
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