Ostracismo del general D.Bernardo O’Higgins, escrito sobre documentos inéditos y noticias auténticas. Los hijos de José Antonio Rodríguez Aldea, abogado y antiguo ministro de Bernardo O’Higgins, denunciaron el texto Ostracismo, pues consideraban que en unos pasajes, en los que le atribuyen incompetencia y ardid profesional, dañaban la memoria de su padre. Así, el 23 de febrero apareció en las columnas del Mercurio de Valparaíso un comunicado suscrito por Francisco de Paula Rodríguez Velasco, uno de los hijos del militar, en el que denunciaban por calumniosas las imputaciones que contra su progenitor lanzaba el historiador (Carmona, 1861, p. 6). Al contestar la denuncia, los editores del Mercurio declinaron toda responsabilidad, limitándose a citar el artículo 11 de la ley de imprenta de 1846 que establecía: «Tampoco se reparará injurioso el impreso en que se relataren hechos históricos o se hicieren pinturas de caracteres, esté viva o muerta la persona a quien se refieren, siempre que tal relato o pintura se haga por investigación histórica o trabajo literario y no con el propósito de difamar» (Anguita, 1912, p. 479). Entablada la acusación, se procedió al sorteo de los ciudadanos que conformarían el primer jurado, resultando los siguientes señores: Pedro A. Martínez, Juan de Dios Vergara, Constantino Navarrete y José Tomás Ramos; los cuales declararon haber lugar a formación de causa. En consecuencia, el 22 de junio se procedió a un segundo sorteo de los jurados que debían fallar sobre la culpabilidad o inculpabilidad del autor del escrito denunciado (adviértase que son momentos distintos). Fueron nombrados: Carlos Lorea, Trifón A. Salas, Isaac Lamas, Francisco Rocuant, Carlos Pérez, E. Valenzuela Castillo y Javier de la Cerda (Carmona, 1861, p. 10). Con la presencia de gran número de personas (alrededor de 700), el 24 de junio de 1860, se reunió el jurado en el Consulado de Comercio de Valparaíso (Carmona, 1861, p. 10). Abierta la sesión a las doce y media de ese día, el juez de derecho, Manuel José Torres, dio lectura al escrito de acusación en el que Francisco de Paula Rodríguez Velasco cita un pasaje de autoría de Vicuña Mackena, publicado en el Mercurio de Valparaíso, para mostrar el exceso de la libertad de imprenta: Rodríguez Aldea no era, a pesar de todo un político ni menos un hombre de Estado capaz de haber dado honra a un país o acertado consejo a un mandatario. No tenía ciencia ni los altos talentos que exige la dirección de los negocios de los pueblos. Su profundidad era el embrollo; su seducción la falacia, su saber la 117
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