Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

Lima, diciembre 15 de 1854 (Castillo, 1854a). 12. ELOGIO CURSI A UN JOVEN MARINO Y UN FISCAL CONTRARIADO El primero de noviembre de 1856, por medio de un cabildo abierto, el pueblo de Arequipa, dirigido por Domingo Gamio y Diego Masías, desconoció al gobierno y proclamó Supremo Jefe Regenerado al general Manuel Ignacio de Vivanco (Holguín Callo, 1994, p. 517). Habían pasado más de veinte años desde que entronizaron al faccioso caudillo del directorio. Los revolucionarios acusaron a Castilla de haber faltado a los principios fundamentales del movimiento que culminaría en la batalla de La Palma, donde derrotó a las tropas del presidente Echenique, y de haberse vuelto dictador dando la espalda a los postulados que lo habían llevado al poder (Holguín Callo, 1994, p. 517). Los revolucionarios, en una visión conservadora, cuestionaban también la Constitución recién jurada por «anómala, antirreligiosa, inoportuna y contraria a la opinión nacional», la forma en que se hacía la abolición de la esclavitud, el tributo indígena, la eliminación de la inamovilidad de los magistrados y el haber entregado «los delitos de imprenta a los jueces ordinarios nombrados por el gobierno»; pero también criticaban, en términos poco democráticos, que la convención estuviera dominada por los negros libertos y que se amenazara a la Iglesia católica y al orden social (cfr. Holguín Callo, 1994, p. 517; véase también el número XXXI de El Peruano del 10 de noviembre de 1856). En El Comercio del 24 de marzo de 1858, se publicó un artículo titulado «D. Lizardo Montero», suscrito por Manuel María Rivas Pereira (El Comercio, 5202, 29 de noviembre de 1856; cfr. Holguín Callo, 1994, p. 517). Tiempo después, Rivas ocuparía el puesto de ministro de hacienda en el gobierno provisorio (1881-1883) de su entrañable amigo, figura importante en la historia nacional (Tauro del Pino, 2001, pp. 1708-1709). El artículo exaltaba, con lenguaje edulcorado, el papel del joven marino Lizardo Montero en la revolución vivanquista de Arequipa: El intrépido marino, que ha dado vida por largo tiempo a la revolución que ha sucumbido en Arequipa, el grande y generoso corazón, que ha sabido elevar triunfante su virtud, en medio de la corrupción universal; el patriota abnegado y ardiente, que ha conservado pura su dignidad a través de todas las pruebas y de todas las tentaciones, el joven 114

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx