Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

más por respeto a mi dignidad debo declarar que si presté mi firma para dicho escrito fue por haberme maliciosa y criminalmente sorprendido D. José Musso verdadero y único autor del libelo denunciado de todos los que se han publicado por este periódico. Mal podría ya injuriar al señor jamás he tenido la más leve cuestión con esto satisfago cumplidamente a dicho señor, asegurándole que solo Musso y sus infames procedimientos han podido hacerme vulnerar la reputación de un joven honrado (Castillo, 1854b). Lo extraño es que ese mismo día, en el mismo periódico y hasta en la misma página, Manuel Castillo agradece a Musso por la amistad y servicios ofrecidos. Seguramente buscaba conservar algo de una amistad ya estropeada. Castillo no tenía dinero para afrontar la situación, ni tampoco el coraje. Consideraba este joven pusilánime que su lealtad concluía purgando una semana de cárcel: Faltaría sin duda a los deberes de gratitud, que la moral sublime y la sana razón me impone si públicamente no tributase al señor D. José Musso los agradecimientos que se merece por haberme dispensado su amistad y servicios. Ingrato sería, por cierto, si dejase así, la oportuna acogida que me dio en su establecimiento para dirigir un curso de álgebra; soy reconocido, y como tal he correspondido a sus deseos hasta el grado de haber estado trabajando en mi daño y con mengua de mi honor. Sucedió que este señor prevalido de nuestra amistad me diera un escrito suyo para corregirlo, y darlo a la prensa con la garantía de mi nombre y firma, y siendo el [como su verdadero autor] responsable de sus resultados, con esta seguridad pecando de muy condescendiente hice lo que él quería. ¿Qué ha resultado? Que el señor D. Manuel Ricardo Palma, a quien yo no he tenido el honor de conocerlo y tratarlo, denunció como era justo el referido artículo y el juez cumpliendo con sus deberes, me ha perseguido y afligido: he dado al señor Musso una prueba evidente de mi adhesión hasta estos momentos, mas viendo que la cosa va de mal en peor, ya por la negligencia del procurador, o bien sea porque no se mira con vivo interés la causa aparentemente mía, he tenido que condescender con mis buenos amigos, transando con el señor Palma una diferencia gratuita; así lo he verificado el día de hoy no solo por restituir mi honor indebidamente ajado, si mucho más por enjugar las lágrimas de mi esposa y familia. Juzgo, que el señor Musso, no me calificará por este hecho no de ingrato, ni mucho menos de falsario, porque allá en el fondo de su conciencia conocerá muy bien, que primero es el número uno que el dos, y que no es justo que un joven sin recursos y con familia, padezca en su honor y en su persona, por adquirirse más bien la odiosidad y desprecio, que la simpatía de sus semejantes. Este es el verdadero motivo porque se separa de la escena, mas no de la sincera amistad que al señor Musso le profesa Manuel Castillo 113

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